Marzo 30, 2008
el tapiz de Fionavar (libro tres) - sendero de tinieblas - guy gabriel kay
Posted by Morgana under 6-Literatura, 7-Novela, Autor Guy Gabriel Kay, Genero Fantasia | Etiquetas: fantasia, fionavar, gabriel, guy, kay, literatura, novela, sendero, tapiz, tinieblas |Paul y Diarmuid contemplaron como el Guerrero despertó a Lancelot du Lac de su lecho de piedra para que se les uniera en la lucha contra la Oscuridad. De regreso a la destruida sala de Cader Sedat, lo primero que hizo Lancelot fue utilizar sus peduliares dones, ejercidos en otro tiempo en Camelot, para volver a la vida a Matt Sören y poco después zarparon, dispuestos a entrar de nuevo en combate.
Así acababa Fuego Errante, el libro 2 de El tapiz de Fionavar. Ahora, Sendero de Tinieblas recoge los enrevesados hilos tejidos hasta este momento y los remata en una trama vibrante, colorista, firme y consistente.
Los jovenes heroes de nuestro undo han ido adquiriendo poder y madurez a traves de los sufrimientos y aventuras que han vivido en Fionavar, el primero y el mas perfecto de todos los mundos. Ahora, deben aplicar la fuerza y la sabiduria asimiladas para ayudar a los ejercitos de la Luz en la definitiva batalla contra la maldad de Rakoth Maugrim y las hordas de las Tinieblas.
En un fantasmal barco, conducido por el legendario Guerrero, ARturo Pendragon, y por Pwyll el Dos Veces Nacido, señor del Arbol del Verano, las fuerzas del Bien deben navegar hacia la pavorosa fortaleza de Starkadh para enfrentarse alli con el Desenmarañador; y Darien, hijo de Jennifer Lowell y de Rakoth Maugrim, por cuyo dominio rivalizan la Luz y la Oscuridad, debe emprender el camino mas tenebroso jamas hollado por ninguna criatura.
-¿Conoces lo que desea tu corazón?
Hacia tiempo, cuando Kim Ford era una estudiante, demasiado joven para estar en la universidad, alguien le había planteado esa pregunta durante una primera cita. Se había sentido muy impresionada. Mas tarde, cuando ya era menos joven, a menudo había sonreído al recordar cuan cerca había estado esa persona de llevársela a la cama aprovechándose del poder de convicción de una frase afortunada y del ambiente refinado de un restaurante elegante. Sin embargo, ella se había encontrado sin respuesta.
Y ahora, no mucho mayor de lo que entonces era pero con los cabellos blancos y tan lejos del hogar como jamas hubiera podido imaginar, Kim había hallado la respuesta a tal pregunta.
Su corazón deseaba ardientemente que aquel hombre barbudo que se erguía ante ella, con la frente y las mejillas tatuadas de verde, sucumbiera de muerte súbita y doloroso.
