Desdémona estaba agotada. Hacía dos semanas que la nave estelar Constantino había llegado a Landos, un planeta que hacía pocos años se había adherido a la Federación, respondiendo a una llamada de socorro emitida por el gobierno planetario: estaban siendo diezmados por una extraña epidemia que en poco más de un mes había matado a mil millones de habitantes. Sus médicos estaban desesperados ya que era una enfermedad totalmente desconocida y se encontraban impotentes ante su rápido avance, siendo incapaces de encontrar un remedio eficaz.

La Constantino acudió rápidamente a la llamada y puso a disposición de Landos todo su equipo médico, así como los laboratorios de a bordo, al mismo tiempo que era usada como enlace con los científicos de otros mundos que se unieron en la desesperada búsqueda de un remedio. Desdémona estuvo trabajando durante toda una semana sin apenas dormir, analizando muestras y comparando sus descubrimientos con las teorías de otros médicos, pero el avance era lento, demasiado lento para encontrar el remedio a tiempo. La población enferma de Landos era casi la totalidad y en pocos días más todos empezarían a morir inevitablemente. Por eso la doctora había bajado al planeta, porque creía que estando allí, investigando directamente con los enfermos, viendo las reacciones a sus distintos tratamientos, sería capaz de encontrar algo definitivo más rápidamente. Por supuesto, el capitán se opuso al principio: si bajaba, la doctora estaría expuesta al agente que provocaba la enfermedad, y si no encontraba el remedio acabaría muriendo inexorablemente; pero ante la insistencia de Desdémona, tuvo que acabar cediendo.

 

 

Si quieres leer mas…