Después de dosla maldicion de Chalion años encadenado a un remo en una galera roknari, Lupe de Cazaril, noble de sangre, regresa a su casa en Chalion como un hombre humilde y anónimo, cruelmente marcado por el látigo y las penurias. Sin tierras, con los honores adquiridos en batalla y los viejos rencores casi olvidados, ahora solo aspira a servir en el mismo castillo en el que una vez fue paje. Sin embargo, los dioses de Chalion parecen haberle reservado otro destino.

La viuda provincara de Valenda le recuerda y decide darle un empleo: será el preceptor y administrador de su nieta, la rósea -princesa- Iselle, una muchacha decidida y de carácter fuerte, que necesita un poco de disciplina. Parece un trabajo tranquilo, pero las cosas cambian cuando ella y su hermano el róseo Téidez son llamados a la corte por el roya -rey- de Chalion -hermano de ambos por parte de padre, que no de madre-, para nombrar a Téidez como su heredero, ya que no ha tenido hijos que puedan sucederle.

En este momento, la vida de todos cambia y las intrigas les rodean. Cazaril, con su ingenio, hace honor a su palabra dada a la royina Ista -madre de los róseos- y les protege con su ingenio, su inteligencia y con su vida, si es necesario.

Un giro impresionante en el registro de esta autora, pasar de la ciencia ficción -la saga de Miles Vorkosigan- a la fantasía con esta nueva saga igualmente interesante y absorbente, que nos traslada a un mundo donde los dioses y la magia campan a sus anchas entre los mortales. Intriga, acción, amor,y el humor tan especial de esta autora, que hace que incluso en los momentos mas tragicos, esboces una sonrisa gracias a un pensamiento, una mirada, del protagonista.

Esta misma historia tambien se ha publicado en dos volumenes, titulados “los cuervos del Zangre” y “el legado de los cinco dioses”.

Despertó la mañana del cuarto dia de un sueño confuso en el que corría por el Zangre con las manos llenas de joyas que no podia entregar a las personas adecuadas en el momento preciso, y que no sabia por que incluian una enorme rata parlanchina que le impartia ordenes imposibles. Se quitó las legañas de los ojos y pensó en renunciar a los vinos enriquecidos de Orico, o a los dulces que incluian demasiada pasta de almendras, no lograba decidirse. Se preguntó a qué festines tendria que hacer frente ese dia. Y luego se rio a carcajadas de si mismo, acordandose de las raciones de los asedios. Aun sonriendo, rodó hasta salir de la cama.

Sacudio la tunica que se habia puesto el dia anterior por la tarde, y deshizo el nudo del puño para rescatar el mendrugo de pan que le había pedido Betriz que escondiera en su holgada manga cuando la merienda real junto al rio se vio interrumida abruptamente por un chaparron vespertino, habitual dentro de la estacion, pero inoportuno. Se pregunto, divertido, si seria el almacenaje de provisiones lo que tenian en mente los sastres que idearon originalmente aquellas mangas cortesanas. Se quito el camison, se puso los pantalones y se anudo los cordones, y se acercó a la palangana para asearse.