Rebelion en el baño

-¡No lo soporto más!- exclamó agriamente la esponja cuando el dueño de la casa salió del baño cerrando la puerta a su espalda.
-¿Qué es lo que no soportas, bonita?- preguntó la bañera con un ligero retintín, mientras miraba con disgusto mal disimulado el lamentable estado en que había quedado después de la ducha matutina del amo.
-¡Que no me limpie después de usarme! ¡Eso es lo que ya no soporto! ¡Siempre igual! ¡Cada mañana lo mismo! Me estropearé en cuatro días y ¡hala! a la basura. Claro, qué le importa a un estúpido humano la triste y miserable vida de una simple esponja…- y sollozó al decirlo.
La bañera se apiadó de la pobre esponja, y aunque la fastidiaba un poco porque todo el día estaba encima de ella, escurriéndose en uno de sus rincones, intentó consolarla.
-Tienes razón, bonita. Nos tratan como a basura. Ni nos cuidan, ni nos quieren, ni les importamos… El llega, se baña y me deja hecha un asco, llena de jabón; después se afeita y, cuando termina, se va tan ricamente. ¡Ni siquiera tiene la delicadeza de aclararme cuando acaba de ducharse! Y pensar que diariamente soporto encima de mi barriga sus casi cien quilos…
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