La escalera

Abre los ojos lentamente sin saber exactamente que lo hace. No hay diferencia entre tenerlos abiertos o cerrados porque la oscuridad que la rodea es total. Le duele horrores la cabeza; está en el suelo medio tirada medio sentada, con la cabeza y los hombros apoyados en una superficie metálica y fría. Se incorpora un poco y pasa una mano por la superficie; es lisa y termina en una larga grieta totalmente recta. Más allá hay una pared de piedra totalmente irregular con aristas que le arañan la piel. Sigue la dirección de la grieta con la mano, hacia arriba primero y a la izquierda después hasta convencerse que aquello es una puerta; la palpa toda, centímetro a centímetro, buscando una cerradura o un tirador para intentar abrirla pero no encuentra nada. La golpea y grita pidiendo ayuda pero el silencio que sigue al eco de su voz es aun peor que la oscuridad que la rodea.
Vuelve a sentarse apoyando la espalda en la puerta y arranca en violentos sollozos, desesperada. ¿Dónde coño está? ¿Cómo ha llegado hasta allí? Lo último que recuerda es… es… ¡Dios, no recuerda nada anterior a la oscuridad! No hay imágenes, pero sí algún sonido y… ¿Qué es eso? ¡Ah, sí! Música. ¡Estaba escuchando una canción, antes de caer en esta negrura estaba escuchando una canción! ¡Crazy in love, de Beyoncé! ¡Eso si lo recuerda!
En el mismo momento que la canción vuelve a su mente, ésta empieza a sonar muy lejos, como una banda sonora totalmente inadecuada para la circunstancia que esta viviendo.
¡El bolso! ¡Tiene que estar por aquí cerca!
Se pone de rodillas y aprieta el pie derecho contra la puerta para no perder la orientación y empieza a tantear todo el suelo de alrededor con las manos buscándolo, porque dentro del bolso está el tabaco y, lo más importante, el mechero. Una luz pequeña y débil, pero luz al fin y al cabo. Su zippo la ayudará ¡en cuanto encuentre el maldito bolso de los cojones!
Busca durante un buen rato hasta que ¡por fin!, lo encuentra. Lo coge con avidez, como cogería un trozo de pan un hambriento, y mete la mano dentro, revolviéndolo todo, buscando.
“Crazy in love” suena más cerca.
Empieza a sacar cosas del bolso: un papel que debe ser la factura de la luz que metió dentro antes de salir de casa para ir a pagarla no fuese el caso que se la cortaran…(como recuerda ese detalle y no otras cosas, no lo sabe). Un sobre vacío, medio roto; kleenex limpios y algún que otro medio usado; el pintalabios, color rojo fuego para que resalte bien en su rostro aceitunado; el monedero, con bastante calderilla metida dentro, a juzgar por su peso; un manojo de llaves (parecen las de casa); más papeles (tickets de compra); otro manojo de llaves (estas son las del coche…¿?) Lo siguiente que encuentra es el móvil. ¡El móvil! ¿Por qué no lo ha pensado antes? Lo manipula para que se encienda la pantalla pero su resplandor apenas ilumina su cara. Lo enfoca hacia un lado y a otro pero a duras penas muestra unas sombras indecisas. Desesperada busca en la agenda el número de la policía y llama. Recuerda vagamente haber oído que en algunos casos el móvil ha servido para localizar a personas que habían quedado enterradas bajo toneladas de escombros después de un terremoto. El teléfono no da señal; no hay cobertura o simplemente se ha estropeado. Cabreada, lo tira y rebota contra la pared de enfrente, destrozándose en el impacto. ¡Estúpida! Vuelve a estar a oscuras. Las manos le tiemblan pero no se da ni cuenta y sigue buscando dentro del bolso hasta que lo encuentra. ¡El zippo! Acaricia su superficie casi con reverencia, lo abre y el aroma a gasolina se esparce a su alrededor. Inspira y expira varias veces para controlar su corazón desbocado y lo enciende.
La primera impresión que tiene al mirar alrededor es la de estar en un pozo pero, ¿qué pinta una puerta de hierro ahí abajo? Nada. Hay cuatro, tal vez cinco metros de diámetro y el techo no se ve. Observa atentamente a su alrededor y entonces se da cuenta que hay una escalera que sube en círculos pegada a la pared. ¡Tal vez lleve a alguna salida! Se acerca a la escalera y empieza a subir.
“Crazy in love” suena más cerca.
Lleva un buen rato subiendo. No sabe exactamente cuánto porque ha perdido la noción del tiempo pero está cansada y se sienta en el suelo. Apaga el zippo; está muy caliente y tiene miedo de soltarlo si se quema. Además, la gasolina puede acabarse encualquier momento y se quedaría a oscuras en una escalera interminable sin barandilla, con una caida vertical de a saber cuantos metros. ¡Buen panorama!
El estómago le gruñe. Por primera vez desde que ha despertado se da cuenta que no ha comido nada en horas. Ni bebido. Esa certeza hace que su boca se seque aun mas y se pasa la lengua por los labios buscando algo de humedad que no llega. Suspira. Está cansada, le duelen todos los músculos del cuerpo, incluso aquellos quen o sabía que tenía, pero debe seguir. Enciende el zippo de nuevo; su llama es más débil y no durará mucho, pero por lomenos está mas frio. Sigue subiendo, intentando apresurarse pero sin descuidarse: no olvida que aunque no puede verlo la caida a su izquierda sería mortal.
“Crazy in love” suena más cerca.
El zippo se apaga por fin y ella maldice en voz alta y tira el mechero contra la pared de enfrente. Oye el ruido del metal al chocar y rebotar, y después caer. El eco le devuelve el sonido una y otra vez. Aun no llora, está demasiado cabreada para llorar.
“Crazy in love” suena más cerca.
La música está alta, muy alta, tan alta que a duras penas puede oir sus propios pensamientos. El dolor es insoportable. Hace rato que se quedó sin luz, pero ha seguido subiendo a pesar de eso. No hay otra opción, pero está tan cansada y no hay ningún otro sitio al que ir, solo subir la escalera un peldaño detras de otro, eternamente, pasando hambre y sed, porque ni siquiera morir podía, estaba segura de eso. Subir y subir en esa oscuridad constante, con Beyoncé gritandole al cielo “Crazy in love”.
Cae de rodillas. El dolor del pecho le impide respirar; no hay oxigeno para su sangre y grita, grita sin saber que esta gritando, sin oirse ni ser consciente de su boca abierta, de sus manos apretando sus sienes, de su corazón que late, de su garganta reseca.
De repente todo cesa. Está envuelta de luz, tendida sobre algo blando, cubierta con una sabana brillante. Beyoncé ha dejado de torturar sus oidos y ha sido sustituida por una sirena que aulla en algun lugar por encima de ella. Una voz dice:
-Ha vuelto en si.
Le preguntan si recuerda su nombre y ¿cuantos dedos hay aqui? mientras le enfocan la luz de una linterna en los ojos y comentan cosas entre ellos, esas voces mientras ella recuerda, recuerda el coche y el arbol, el arbol y la curva, las vueltas de campana…Recuerda a su niño, que no quiso abrocharse el cinturon de seguridad… su niño volando por la ventana, sus gritos de terror puro y duro, de dolor…
Pregunta por el ¿Y mi niño? ¿Está bien mi niño? No le contestan pero lo ve en sus ojos. su niño ya no está. Y entonces el grito sale de su alma, no de su garganta y se da cuenta que jamás saldrá del pozo porque su niño ha muerto y ese pozo es su vida.

Anuncios
Published in: on 24 marzo 2008 at 1:24 AM  Dejar un comentario  
Tags: , , , ,

The URI to TrackBack this entry is: https://poesiaybelleza.wordpress.com/2008/03/24/la-escalera/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: