Rebelion en el baño


-¡No lo soporto más!- exclamó agriamente la esponja cuando el dueño de la casa salió del baño cerrando la puerta a su espalda.
-¿Qué es lo que no soportas, bonita?- preguntó la bañera con un ligero retintín, mientras miraba con disgusto mal disimulado el lamentable estado en que había quedado después de la ducha matutina del amo.
-¡Que no me limpie después de usarme! ¡Eso es lo que ya no soporto! ¡Siempre igual! ¡Cada mañana lo mismo! Me estropearé en cuatro días y ¡hala! a la basura. Claro, qué le importa a un estúpido humano la triste y miserable vida de una simple esponja…- y sollozó al decirlo.
La bañera se apiadó de la pobre esponja, y aunque la fastidiaba un poco porque todo el día estaba encima de ella, escurriéndose en uno de sus rincones, intentó consolarla.
-Tienes razón, bonita. Nos tratan como a basura. Ni nos cuidan, ni nos quieren, ni les importamos… El llega, se baña y me deja hecha un asco, llena de jabón; después se afeita y, cuando termina, se va tan ricamente. ¡Ni siquiera tiene la delicadeza de aclararme cuando acaba de ducharse! Y pensar que diariamente soporto encima de mi barriga sus casi cien quilos…

-Y a mi me aprieta, me estruja, y me frota contra su cuerpo peludo… ¡Me da un asco!
-¿Y el ruido que hace al lavarse? Y esa manía suya de cantar bajo la ducha… Me levanta dolor de cabeza siempre.
-¡Ah!- suspiró la esponja.- Menos mal que ella es un poco más cuidadosa, ¿no crees?
-¡Que dices, loca! ¿Cuidadosa? Se nota que tu no tienes que soportar sus sesiones casi diarias de lejía y estropajo, que ajan mi delicada piel y apagan mi brillo tan fantástico. ¡Con la de productos que hay, especiales para bañeras de piel sensible como yo! Pero no, ella ha de usar lejía, claro, como hacían las abuelas antiguamente. ¡Como se nota que es de pueblo..!
-¡Mujeres!- exclamó despectivamente el bidet, mirando con complicidad al water.- No saben hablar de otra cosa que no sea el aspecto físico. ¿Es que creéis que estáis aquí para hacer bonito? No sois objetos de decoración, sino cosas funcionales, que están para ser usadas, como todos los demás. ¿Pensáis que a mi me gusta que cada día me planten el culo encima y se laven sus vergüenzas sobre mi cara? Pues no, no me gusta. ¡Pero tampoco me quejo! Al fin y al cabo, ese es mi trabajo, ¿no?
-¿Que no te gusta, sinvergüenza?- le replicó la bañera sarcásticamente, mientras la esponja seguía llorando sus penas ajena ya a todo. -Eso no es lo que le decías al water el otro día, cuando creías que yo dormía. ¿He de repetirte tus propias palabras..?
-No, hija, no lo hagas,- le suplicó el espejo con voz de barítono y tono afeminado.- Ya sabemos qué vocabulario usa ese, y no me apetece en absoluto, de verdad, de verdad, oír esas palabras soeces en una boca tan distinguida como la tuya.
-¡Boca!- exclamó el water riéndose a carcajadas.- Querrás decir desagüe, maricón.
-¡Hortera!
-¡Maricón!
-¡Chulo!
-¡Maricón!
-¿Qué sillón te han asignado en la Real Academia de la Lengua, water bonito? Por que con tu carácter y con un vocabulario tan amplio como el tuyo, lleno de poesía y belleza, deberías estar sentado en la I de idiota, ignorante, inculto, indocto, impertinente, injurioso, impúdico, inaguantable, insoportable, intolerable e insufrible.
-Di lo que quieras,- contestó el water sin alterarse,- pero tú seguirás siendo un maricón hasta que te rompas.
El espejo y el water siguieron discutiendo, insultándose mutuamente, mientras la esponja seguía llorando completamente desconsolada.
-¡Basta ya!- gritó el armario, harto ya de tantas voces. Todos enmudecieron al momento, sorprendidos porque era la primera vez que oían hablar al mueble desde que llegó, hacía ya dos meses. Esperaron a ver si decía algo más, pero volvió a su mutismo de siempre.
-Water, eres un pesado. ¿Por qué no dejas al pobre espejo en paz?- le recriminó la bañera muy seriamente.- Y pensar que alguien como yo, tan delicada, tenga que convivir con seres inferiores como vosotros…
El water, encendido aun por la discusión interrumpida con el espejo, la replicó indirectamente.
-¿La has oído, bidet? Ahora resulta que somos seres inferiores…
-Como si no estuviéramos hechos de la misma porcelana…
-A lo mejor es que ella intervino en el último anuncio de Porcelanosa…
-Y quien sabe, igual se bañó la Preysler…
-¡Jate que lásssstimaaaaaa!
Ambos se echaron a reír descaradamente, a carcajada limpia, mientras la bañera, humillada en extremo, empezó a perder su tono níveo para teñirse de escarlata.
-No les hagas caso, bañera bonita,- la consoló el cristal de la mampara.- Son unos envidiosos porque, incluso así, tal y como estás, sucia, eres más bella que nadie.
-Gracias, cristal, cariño.
-Cállate, cristal, pelota,- le atacó verbalmente el bidet.- Todos sabemos que estás colado por esa pijita tonta, y que dirías y harías cualquier cosa para contentarla.
-Vamos, bidet, se sincero por una vez- le conminó seriamente el cristal.- ¿Acaso tu no te cambiarías por la bañera con los ojos cerrados si pudieras?
-¡Por supuesto que sí! Pero no porque ella sea una belleza, sino porque tiene la oportunidad de abrazar a la señora de la casa cada día. ¡Lo que daría yo por sentir ese par de melones a través del agua!
-¡Eres un obsceno, bidet!- dijo la bañera, harta ya de oírle.- Si la señora supiera lo que dices y piensas, te arrancaría y te tiraría a la basura… ¡Y espero que algún día lo haga! Así quedaríamos libres de ti por siempre…
-¡Eres un obsceno! ¡Eres un obsceno!- le remedó el aludido.- ¡No sabes decir otra cosa!
-La bañera tiene razón,- intervino la toalla por primera vez.- Parece que no sepas hablar de otra cosa.
-Tu cállate, toalla, y no te metas donde no te llaman. Al fin y al cabo, sólo estás de paso,- le replicó el bidet. La toalla, que no quería complicaciones y que sabía que le quedaba poco rato porque pronto vendría la dueña y la cambiaría por otra, calló y no dijo nada más.
En aquel momento, oyeron sonar el timbre de la puerta.
-Que temprano tienen visitas hoy,- exclamó el water.
-Es cierto. ¡Que raro! Si tienen que irse a trabajar pronto…- contestó el espejo.
Las voces, que al principio se oían en la puerta, fueron acercándose lentamente hasta que entraron en el baño. Todos enmudecieron, conscientes que no podían hablar mientras los humanos estuvieran allí.
-Bueno, aquí lo tiene,- dijo la dueña al desconocido.- Quiero cambiarlo todo.
-Muy bien, señora. En una semana tendrá un baño completamente nuevo, se lo aseguro.
-¡No puede imaginarse las ganas que tengo de deshacerme de todo esto! Está ya tan viejo…
Todos ahogaron un grito de terror.

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Published in: on 30 septiembre 2008 at 2:41 AM  Dejar un comentario  
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