Diario de Akeru IX

Estaba tan nerviosa y asustada como el día en que hice el amor por primera vez.

Las circunstancias eran distintas, porque el paso que iba a dar me llevaría mas allá de cualquier fantasía y seria para siempre. Pero la excitación de lo desconocido, el placer de lo prohibido, el hacer algo que todo el mundo me diría que no hiciese… Era lo mismo pero con una leve y sustancial diferencia: iba a entrar a formar parte de algo fantástico… iba a convertirme en un ser de leyenda…

Siempre me habían dicho que los monstruos no existían; que las leyendas solo eran eso, leyendas, cuentos fantásticos para atemorizar a la gente ignorante; que los seres mitológicos solo habitan en la imaginación de los hombres representando todo aquello que les aterra y aun no pueden explicar.


Y de pronto yo estaba a punto de convertirme en algo tan fantástico como un vampiro…

He de admitir que tuve miedo; miedo a que todo fuera un engaño cruel, una broma pesada, a que todo lo que había vivido con Hikari y Kurayami no fuese mas que una magnifica obra de teatro excelentemente interpretada y realizada, y a que en el momento cumbre apareciese alguien con un ramo de flores gritando ¡inocente! ¡inocente!

Por suerte no fue así.

.. – .. – .. – .. – .. – .. – .. – .. –

Aun es de día. Hoy me he levantado demasiado temprano y quedan horas aun hasta el anochecer. Quizá escuche algo de música, quiza lea algo interesante esperando la puesta de sol…

Me gustaría tener mis propias palabras para expresar lo que guardo en mi corazón, versos hermosos que fascinarían al mundo…

Las palabras planean pero no se convierten en versos y aunque invoco al genio de Apolo, a sus musas sublimes de pechos desnudos, no llaman a la puerta de mi imaginación, pasan de largo como si mi mediocridad como poeta las asustara…

No me queda mas remedio que tomar prestados versos que no me pertenecen y hacerlos míos con el corazón para regalarlos en las noches de pasión…

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.

Federico Garcia Lorca
Fragmento de La Sangre Derramada

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Nada que pasaba por aqui y empeze a leer un poco y cada vez me gustaba mas hasta que lo he leido todo y en realidad me agustado mucho. bueno te mando un saludo y sigue en esta linea ta bonita de expresarte que ami me gustaria expresarme asi

  2. Muchas gracias, Guachi. Vuelve siempre que quieras, seras bienvenido.


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