Carta de Henry Miller a Nuria

epoca-desnuda-iiiQuerida Nuria:

Eres una niña cochina y deliciosa. Quizá tendría que reprenderte por tu última carta pero no pienso hacerlo: a mí me vuelven loco las niñas tan cochinas como tú.

Tienes razón, esa era la carta que yo deseaba, la que no me atrevía a pedirte. Pero no me pones miel en los labios, los labios en tu miel caliente y turbia, y en seguida me quitas el premio. No seas impaciente. Déjame demorarme en tu sexo: apenas he podido saborearlo, mi boca está hambrienta de está pulpa dulcísima.

No me has dicho a qué sabe, Hay sexos ácidos, intensos, retadores, como la carne del pomelo, hay sexos agridulces como cerezas tiernas; hay sexos que rezuman deliciosos almibares, embriagadores jugos de arándano y moras.

A qué sabe el tuyo, dí. O mejor déjame descubrirlo. Acariciarlo un poco, así, por encima de la ropa, muy suavemente. No importe que te mire. Noto el pulso en  las sienes, la garganta que arde, y estoy siguiendo con fijeza hipnótica el vaivén de tus dedos. Sí me encanta mirarte: a cada momento de tu mano me atraviesa una astilla encendida. Por qué parar ahora. No hay leyes del deseo, no hay distancias, y tu carta me ha hecho  desearte ciegamente, furiosamente.

Estoy a tu lado.

He hundido la cabeza entre la fronda oscura de tu sexo, y allí quiero perderme. Quiero apresar mi boca ese  rescoldo terso y abultado, esa rosa carnal, pulsante, mínima, que hiere desde lejos. La tomo entre los labios
con esmero, y dejo que mi lengua la vaya acariciando, muy despacio al principio, con mas brío después. A veces, cuando siento más hondo tus gemidos, me detengo un instante para besar los pliegues ya entibiados, el dintel de la gruta que se adentra en lo oscuro.

No me sacia tu futuro más sabroso. Me basta escuchar tus gemidos. Quiero oir las palabras más sucias manchando tus labios. Soy un perro encelado lamiéndote el coño, un animal que ansia tu vulva estremecida, tus muslos oscilantes, tus piernas como esbeltas lianas de  blancura. Tu sexo es ya un torrente que fluye por mi boca, una brasa muy dulce desgajada del día, tu sexo es una gema cegadora y terrible, que arrastra el oleaje creciente  de los astros

Tu carta me ha hecho un desastre.

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Published in: on 4 diciembre 2008 at 3:32 PM  Dejar un comentario  
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