Diario de Akeru XXIX

amberEs curioso como a veces ocurren las cosas sin planearlas. Yo no había querido usar la fuerza ni la violencia contra los que habían sido mis amigos, para vengarme. Hubiese podido hacerlo y ninguno de ellos habría tenido ni una sola oportunidad; pero ya os lo dije, no somos agresivos y la violencia nos repugna. Así que decidí vengarme de la forma mas divertida para mi, y mas cruel para ellos, sin que su físico corriese ningún peligro.

Pero la loca de Azucena tenia que arrastrar a Luis a buscarnos, y por pura casualidad nos encontró cuando ya nos íbamos de la playa.

Bajó gritando del coche y se abalanzó sobre mi. Hasta aquel momento, no había sido consciente de la rabia que esa mujer sentía hacia mi, del odio que destilaba. En ese momento me di cuenta, y no era por lo que yo había hecho esa noche, era algo anterior, más profundo y oscuro.

No quise saber la razón, no me importó. Yo jamás le había hecho nada y ella me había hecho mucho daño. Al ver cuanto me odiaba, fui consciente de cuánto se había reído de mi cuando los encontré en la cama; probablemente lo había planeado para que sucediera de esa forma.

No dejé que se acercara más. La cogí por el cuello con una mano y apreté lo suficiente como para dejarla sin respiración, mientras la arrastraba contra el coche. Ella se debatió pero no consiguió ni siquiera arañarme. Soy vampiro, y nuestra fuerza es cien veces superior a la humana, entre otras cosas…

La estampé contra el capó del coche, con la fuerza suficiente como para asustarla, pero no para hacerle daño. No quería hacerle daño; no quería perder el control y matarla. Acerqué mi boca a su oreja, y le hablé. Mi voz salio diferente, muy suave pero fuerte, segura. No intentaba convencerla, lo que hacía era darle una orden, y ella obedecería. Grandes lágrimas corrieron por sus mejillas, imparables, y yo sonreí.

La solté y me aparté de ella. Entonces me di cuenta que Luis estaba en el suelo, con una mano en el ojo.

-Intentó acercarse a ti, -me dijo Hikari, sonriendo y encogiéndose de hombros. -No iba a permitirlo, amor.

Me acerqué a él y le besé. ¡Cuánto amo a este vampiro!

-¿Que le dijiste, amor? -me preguntó mientras nos alejabamos, su brazo rodeando mi cintura.

-Que toda la vida recordaría lo que me había hecho y que el peso de la culpa sería tan grande, que no podría ser feliz jamás.

-Una venganza redonda,- murmuró.

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Qué cruel…
    Siempre me ha llamado la atención el porqué odiamos más a las mujeres, en este caso, que se acuestan con tu pareja, que a la pareja que traiciona. Es decir, el que tiene un compromiso, el que debe guardar las formas, por mucho que se ponga delante una TOP model gritando “tómame soy tuya”
    Esto también se aplica a la inversa.

  2. Bueno, en este caso, supongo que puedes perdonar la infidelidad de tu pareja, pero la traición de una amiga, no.


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