Diario de Akeru XXXIV

a9701harley-davidson-postersHoy he pasado el día en casa del motero.

Se llama Miquel, pero todo el mundo le llama Mick. Es amable y simpático y ha resultado ser un amante complaciente.

Fue curioso como empezó.

Al llegar de vuelta a la masía paró la moto delante del portón de entrada. Yo estaba excitada: la vuelta en moto, sentir los músculos de su espalda tensos contra mis pechos había despertado mis ganas; pero sabia como acababa siempre, yo mordiendo y mi compañero semiinconsciente entre mis brazos, con la mente totalmente nublada, de tal forma que es incapaz de reconocerme si vuelve a verme.

No queria eso, no esa noche.

Pero como dije antes, yo propongo y el destino hace lo que le da la gana.

Bajé de la moto apoyando mis manos en sus hombros y, ya con los pies en el suelo, Mick cogió una de mis manos, con suavidad, y puso mi dedo indice en su boca mientras me atraía hacia si.

Pasó su mano por mi espalda por debajo de mi camiseta, observándome, leyendo en mi rostro, preguntándome ¿sigo? Vio mi duda y se detuvo. Quitó mi dedo de su boca, su mano de mi espalda y sonrió, triste.

-Hubiese sido demasiado bueno -, murmuró.

No pude contenerme y le besé, con furia. Si hubiese insistido probablemente le hubiera rechazado, pero ver el dolor de la derrota en sus ojos, la sonrisa de la resignación en sus labios…

Me quité la cazadora de cuero (con el logo de Harley en la espalda) y la puse sobre el deposito de gasolina; me quité la camiseta, mis botas, los pantalones… El me miraba sin atreverse a hablar ni moverse, aun sentado sobre la motocicleta, esperando.

Totalmente desnuda, bajo el tibio resplandor de la luna, me senté a horcajadas sobre el deposito. No dije nada. Nuestras agitadas respiraciones se acompasaron; nuestros ojos se encontraron; pasó el dorso de su mano sobre mi pecho, con suavidad, bajando poco a poco, hasta mi vientre y mas allá…

Sus dedos entre mis piernas encendieron la mecha de mis gemidos; sus labios en el cuello primero, en mis pezones después, incendiaron mi vientre de puro placer. Mis ganas de morder y alimentarme desaparecieron y solo sentí el deseo puro y duro de follar como lo hacía antes, sin mas motivo que la simple excitación.

El primer orgasmo lo tuve aun encima de la moto, con Mick completamente vestido, sus dedos en mi interior. Me abrazó y temblé apoyada en su pecho; supongo que pensó que tenia frío, porque se quito el abrigo y me tapo con el, con delicadeza.

-Llévame a tu cama -le dije -. Ahora me toca a mi.

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