El asombroso viaje de Pomponio Flato – Eduardo Mendoza

pomponioLos alimentos eran deliciosos, tanto por la maestría con que habían sido cocinados como por la abundancia de especias, y la conversación de nuestra anfitriona, inteligente, alegre y versátil. Contó anécdotas divertidas relacionadas con el ejercicio de su profesión y afirmo que, ademas de ser una cortesana complaciente, sabia leer y escribir, cantar y bailar, y para demostrarnos esto ultimo, una vez concluido el ágape, sacó del cofre una lira, se puso a tañerla y ejecutó con mucha gracia unos pasos de la danza de los siete velos, que goza de mucha popularidad por esta región, mientras su hija marcaba el ritmo con una pandereta y el niño Jesús aporreaba un tamboril. Cuando iba por el cuarto o quinto velo, Zara la samaritana ordenó a los niños ir a dar forraje al cordero y, apenas hubieron salido, cerró la puerta con llave, me condujo al lecho y en un instante, con gran pericia, alivió mi desasosiego y consoló mis penas. Tras lo cual dijo:

-El sueño que tuviste es fácil de interpretar. La zorra y el cuervo son tu entendimiento y tus pasiones;  lo que está arriba y abajo, antes y después de la muerte, soy yo; el queso es el queso. El  resto del mensaje, si hay alguno, no está en nuestro poder conocerlo hasta que el tiempo ordene su cumplimiento.

Se levantó, abrió la puerta y dejó entrar a los niños, que regresaban en aquel momento. Por mi gusto nunca me habría ido de allí, pero se había hecho muy tarde y supuse a José y a María inquietos por la prolongada ausencia de su hijo, de modo que deshaciéndome en elogios y expresiones de agradecimiento y prometiendo volver a visitarlas tan pronto nos fuera posible, abandonamos la casa y emprendimos el camino de regreso.

El niño Jesús estaba rendido de cansancio, pero la excitación le mantenía despierto y locuaz.

-No debería decir esto -me confesó cuando ya habíamos entrado en la ciudad -, pero comparadas con mi madre, Zara y Lalita son mucho mas divertidas.


Fragmento de El asombroso viaje de Pomponio Flato, de Eduardo Mendoza

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Published in: on 26 diciembre 2008 at 11:34 PM  Comments (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. Siempre que sé de él me viene un sentimiento agridulce. Para mi constituye el paradigma de lo que pudo haber sido y no fue, o, al menos, no está siendo. No sé si es un problema de falta de exigencia y rigor, de cansancio, de falta de inspiración, o de todo un poco, pero la realidad es que no levanta cabeza.

    Tiene una novela extraordinaria, La ciudad de los prodigios y una muy buena, La verdad sobre el caso Savolta. Todo lo demás es mediocre. No pretendo ser tajante, pero estamos ante un caso de escritor de talento, del que cabe esperar mucho (pues lo ha demostrado), y que se conforma con parodias más o menos humorísticas y de preocupante falta de sustancia.

    Empleando el modo de hablar taurino, sigo esperando que “recupere el sitio” y que sus frecuentes aportaciones al absurdo debate de la “muerte de la novela” no reflejen su perspectiva sobre su propia obra.

    • Quizá no es nada de lo que dices, Javier. Quizá simplemente se divierte con lo que hace y no tiene necesidad de hacer otras cosas. Quien sabe…


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