Diario de Akeru XLVI

desnuda1-No sabía que podíamos transformarnos en animales- le dije, sorprendida por el hecho en sí y por el relato.

-Sólo podemos unos cuantos; los más viejos… Cuanto más joven es el vampiro, menos habilidades especiales consigue tener…

-Vaya- dije, decepcionada, triste y resignada-. Así que no soy más que una caricatura.

Volvió a reírse. ¡Estaba batiendo récords! Me besó en la frente.

-No, mi amor. Tengo un extraño presentimiento contigo.

Siguió con su historia.

“Pasé muchas horas transformado en lobo. Cuando cayó la noche y salió la luna, mi parte racional tuvo que esforzarse mucho para imponerse a la parte irracional que había ganado mucho terreno en mi vapuleada mente. Cuando por fin lo conseguí, estaba tan cansado y tenia tanto frío, que me desmayé.

Me desperté en una cama caliente, desconcertado, confuso y aun desnudo. No me moví, atento a lo que ocurría a mi alrededor, esperando… Mi olfato se desplegó y los olores llegaron a mi, pintándome un cuadro de colores muy brillantes…

La forja en la parte mas alejada configuraba el lienzo, con su fuerte olor a metal, fuego y sudor; el hogar central, quemando madera de abeto para calentar la estancia, teñía de verdes los bordes y el cielo; la olla encima del fuego desplegando el aroma a carne de ciervo guisada, con sus especias arañando rojos y ocres; la carne seca de la despensa, con su salazón, pincelaba los marrones con maestría. Pero por encima de todo, dominando todos los demas aromas, como rojo sobre negro, estaba el olor a hembra, a mujer fuerte y dulce a la vez, salvaje, que inundó mis sentidos y me dejó indefenso ante ella.

Ekaterina me había encontrado cerca de su casa y me había arrastrado hasta su cama, donde me metió junto a ella, desnudos los dos. Con el calor de su cuerpo ahuyentó el frío de mis huesos, y aun estaba allí, abrazada a mi, dormida, sus pechos aplastados en mi espalda, respirando pausadamente.

No me había salvado la vida, no propiamente dicho, pero sí me salvó de algo mucho peor: de la locura. No se que hubiese ocurrido de haber seguido tirado en el bosque… al hacerse de día, si no hubiese despertado aún…

Me dormí. Estaba tan cansado, y la unión de los aromas de la casa actuaron en mi como un relajante: allí estaba a salvo, estaba bien, podía descansar…

Dormí como un bebé, hasta la noche siguiente.”

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  1. estubo increhible,la verdad es sierto todo lo que dice


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