Diario de Akeru LXVII

un angelitoPasó un rato hasta que bajé de la nube.

No quería que Kurayami me viera volver a la fiesta desde el jardín; además, olía a estiércol y el vestido se había manchado, así que hice lo mas lógico en esa situación: escalar por la enredadera que cubría parte de la fachada de la casa, hasta la terraza del primer piso. ¿De que sirven las habilidades que vienen en el paquete vampirico si no las uso? Fuerza y agilidad -entre otras cosas- multiplicadas por ¿cien? ¿mil? no lo se, pero por mucho, eso seguro.

Entré por uno de los ventanales abiertos que daban a la terraza -benditos descuidos-, y regresé a mi dormitorio a darme un buen duchazo y cambiarme de ropa.

Escogí un vestido entallado sin mangas, con la falda de tubo hasta las rodillas -de los que te obligan a dar pasitos de geisha-, de color crema muy claro. El escote, redondo, mostraba sin pudor parte de mis pechos, y cubrí mis piernas con unas medias blancas -medias, no pantys-, sujetadas a mis muslos con el liguero tambien blanco.

El panty es la prenda de vestir mas anti-libido que conozco; no tiene nada de sexy ver a una mujer quitarselos… En cambio, las medias… Es muy divertido hacer que te las quiten, poco a poco, primero una, despues la otra, jugar con el liguero… O simplemente no quitartelas…

Y el toque magistral del conjunto, unos guantes de raso del mismo tono que el vestido, que cubrían mis brazos desnudos casi hasta los hombros.

Volví a la fiesta. Estaba en plena ebullición; la música sonando y los invitados bailaban, bebían, hablaban, reían. Vi a Hikari recuperado bailando con Ekaterina, muy abrazados; no pude evitar sentir lastima por ella.

Pasé el resto de la noche completamente feliz, bailando con uno y con otro, haciendo amistad, estrechando lazos en rincones oscuros…

La fiesta acabó al amanecer y los pocos invitados que aun quedaban se retiraron a las habitaciones que les habían preparado -los que aun estaban lo suficientemente conscientes. Nunca había visto tanto borracho junto excepto durante unos Sanfermines.

Kurayami se mantuvo alejado de mi durante toda la noche, aunque de vez en cuando sentía sus ojos clavados en mi; entonces le buscaba y cuando nuestras miradas se cruzaban, sonreía.

Cuando el último borracho estuvo acomodado en su cama, Kurayami vino a buscarme a mi dormitorio.

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