Diario de Akeru LXXI

mujer bajo la lluviaRaíz Torcida estaba sentado en el suelo afilando la punta de silex de su lanza; había cumplido diez veranos y pronto, el chaman de la tribu lo llamaría junto con los otros muchachos para pasar la prueba. Estaba muy ilusionado con la perspectiva de que dejaran de considerarle un niño -que es lo mismo que un medio estorbo- y pasar a ser un adulto; dejar la recolección de fruta para ir a cazar… Le excitaba pensar en las aventuras y los peligros que le acecharían. Ya no se sentaría ante el fuego a escuchar el relato de los cazadores, seria él quien hablaría y los niños y las mujeres le escucharían. Pero para conseguirlo primero tenia que pasar la prueba que determinaría que ya es un hombre: sobrevivir todo un ciclo lunar en el bosque junto a los otros muchachos, sin tener ningún tipo de contacto con nadie de la tribu, lejos de su protección, expuestos al hambre, el frío y, sobre todo, a los animales que les acecharan sabiendo por instinto que son una presa fácil. Pero él lo conseguiría; su padre es el mejor cazador de la tribu y le ha estado preparando para este día desde que pudo sostenerse en pie por primera vez. En eso piensa mientras afila la punta de silex de su lanza, esperando el día en que volverá a casa convertido en un hombre.

Kurayami me llevó hasta la cama envuelta en una toalla, el pelo chorreando mojándolo todo; era como si el esfuerzo hecho para salir del oscuro calabozo en el que había caído mi mente, hubiese acabado por consumir mis energías. Mi cuerpo era como un pesado saco lleno de piedras, inerte, y mi voluntad era incapaz de moverlo…

Raíz Torcida se alzó como líder indiscutible del grupo desde el mismo momento en que penetraron en el bosque y se alejaron de los adultos. El organizó el campamento, los mantuvo unidos durante los primeros días -siete muchachos mucho mas asustados de lo que eran capaces de admitir-, les dio valor para sobrevivir durante 28 días horribles que marcaron sus vidas para siempre.

Construyeron un refugio con ramas, hojas y lianas que les protegía del viento durante la noche; recolectaban frutas y ponían trampas para cazar animales pequeños; dormían apretados dentro del refugio, dándose calor los unos a los otros, mientras dos se mantenían alerta por si se acercaba algún depredador; la fogata delante del refugio se mantenía encendida día y noche; podían sobrevivir todos si seguían así. Pero Raíz Torcida no estaba satisfecho. Su padre había regresado convertido en hombre llevando sobre sus hombros la piel de un tigre dientes largos; él tenía que, por lo menos, igualarlo si quería llegar a ser como él. Pero en el bosque no había tigres dientes largos y, para encontrar uno, tenian que abandonar el bosque y caminar durante dos dias por la llanura hasta la montaña sagrada…

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