Diario de Akeru LXXII

caminando por el desiertoAceptaron ir a la montaña. La travesía no fue complicada a pesar de los peligros -lo peor fue mantener la llama de la antorcha encendida. Si se apagaba, se quedarían sin fuego-. Lo realmente difícil fue subir la montaña. El primero en morir fue Viento de Sauce. Resbaló y cayo rodando por la ladera hasta que se perdió de vista; Raíz Torcida ni siquiera miró atrás. El segundo fue Rio Ruidoso. Puso del pie en un nido de serpientes venenosas y le mordieron. Su veneno se lo llevó en dos horas. Raiz Torcida no quiso esperar a que muriera; estaba ansioso por encontrar un tigre dientes largos y matarlo, pero los demás se negaron a seguir y abandonar a su amigo moribundo. Se quedarían allí, velándole. Raiz Torcida se fue, llamándoles cobardes. Abandonó el grupo y siguió su búsqueda en solitario, como solo un niño inexperto e inconsciente puede hacer. ¡Si hubiese sabido que nunca mas iba a regresar..!

No tenia ni fuerzas para hablar. Los recuerdos de la vida de Raiz Torcida se estaban convirtiendo en mis propios recuerdos, los estaba viviendo al mismo tiempo que veía a Kurayami a mi lado, llorando de preocupación. Entró Hikari y dijo algo que no entendí. Kurayami se levantó y parecieron discutir, pero aquella otra vida me llamaba, me arrastraba y hacía que todo lo que realmente ocurria a mi alrededor, dejara de tener importancia.

Pasa cuatro días solo en la montaña hasta que encuentra a un tigre dientes largos. El animal esta comiendo, devorando una especie de cabra de montaña que tiene destripada, los hocicos llenos de sangre en sus entrañas. Esta cansado y hambriento, y al verlo allí de repente, se asusta mucho. De pronto echa de menos a sus compañeros de nuevo -se habia pasado la ultima noche llorando- y cuando el tigre dientes largos gira la cabeza para mirarlo fijamente, se olvida por completo de todos los consejos de su padre y echa a correr.

El tigre ruge -medio cabreado, medio riéndose de el-, pero ni siquiera se mueve del sitio. Vuelve su atención a la presa que esta devorando para seguir destrozándola con sus poderosos colmillos y se olvida inmediatamente del cachorro de humano que corre sin saber hacia donde. Raiz Torcida, completamente aterrorizado, sigue corriendo sin ningún rumbo claro hasta que el suelo desaparece bajo sus pies y cae.

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One CommentDeja un comentario

  1. Me ha recordado este texto a “Hacia rutas salvajes”.

    saludos..


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