Diario de Akeru LXXVI

panPara qué andar explicándoos los detalles del horror que vivió a continuación. Basta con decir que la muchacha, Sol Resplandeciente, acabó muerta a manos de Asesino mientras Venganza era un impotente testigo de todo el dolor y la humillación.

Hubo otro testigo de la tortura, pero esta disfrutó de cada grito, cada golpe, cada súplica: la Doncella, que se regocijaba del dolor provocado.

Al final, cuando la muchacha murió, le cortó la cabeza y bañó con su sangre el cuerpo de Venganza, que seguía llorando con el cuerpo molido a palos, sin poder moverse.

-Me tenias a mi -le dijo-, que soy la noche, la mas bella oscuridad. Me tenias a mi en tu cama, y sin embargo preferiste a una mortal, un sol de mentira con ojos deslumbrantes. Pero eres mio y así será para siempre, eternamente. Despídete del sol, cariño- añadió cínicamente con los labios tan cerca de su rostro que pudo sentir el olor a hierbabuena de su aliento-, porque nunca más podrás mirarlo de frente, ni sentirlo sobre tu piel. Huirás, tendrás que esconderte, y el día que ansies su calor, su tibio contacto de vida, te quemará, y el dolor será tan inmenso que desearas morir… pero no podrás… nunca podrás…

La Doncella acerca sus labios de fuego a su cuello palpitante y muerde directamente por donde pasa la aorta… Sorbe con delicia su sangre no contaminada y se alimenta de él hasta que lo lleva al borde de la muerte.

Entre tinieblas, con el alma oscurecida y los ojos casi ciegos, Venganza repite una y otra vez el nombre de su amor mientras la Doncella derrama en su boca sangre de su cuerpo. Se ha hecho un corte en la mano y le obliga a beber; el se atraganta y tose, el dolor corre por todo su cuerpo y solo piensa en morir.

Pobre, no sabe que ya no es mortal, que las heridas de su cuerpo no tardaran en curarse, pero las del alma permanecerán abiertas como llagas purulentas que le impedirán ser feliz hasta que la encuentre, hasta que encuentre a Sol Resplandeciente y cierre el círculo. Eso es lo que quiere la Doncella, porque sabe que pueden pasar mil eternidades antes que eso suceda y mientras, su alma se irá oscureciendo mas y mas, acercándola a ella, a su noche, a su maldad infame, haciéndolo suyo…

Y todo esto ocurrió cuando la Historia aun no había nacido y los dioses caminaban sobre la tierra…

Pobre Kurayami. Ahora entiendo su eterno dolor -casi desesperación- y la razón de su nombre escogido. Pero yo no soy ella, no lo soy aunque quisiera, y no se como decírselo…

Abro los ojos y está a mi lado, los ojos enrojecidos por el llanto. Hikari también está ahí, pero él está furioso y a duras penas puede contenerse…

“Hizo lo que debía” quiero decirle, pero estoy muy cansada y no tengo fuerzas. El extraño viaje por el pasado de Kurayami me ha agotado y solo quiero dormir. Les miro; me miran; les sonrío. Es todo lo que puedo hacer para tranquilizarles antes de dejar que la inconsciencia del sueño invada mi mente. Cuando despeirte, ya hablaremos.

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