Diario de akeru LXXX

sensualLa primera vez que compartimos la presa fue pocas noches después que Hikari nos dejara. Aun estaba deprimida -me sentía abandonada y me costó comprender por que lo había hecho-, y no tenia muchas ganas de nada.

Habíamos ido al Starpaint, uno de esos enormes bares de copas repletos de gente, con portero en la entrada -tu entras, tu no- que hay en esta monstruosa ciudad donde cualquiera puede desaparecer son dejar rastro. Yo no tenia muchas ganas de relacionarme, pero teníamos que alimentarnos. Nos separamos al entrar, como siempre hacemos, y yo fui directa a la barra a pedir una cerveza; tenia necesidad de algo vulgar y delicioso entre tanto glamour divino de la muerte rodeándome. Me fijé en algunos tíos, posibles cenas, pero todos me parecieron iguales, cortados con el mismo patrón, nada apetitosos ni originales… Como si en el menú de un restaurante muy caro solo hubiese un solo plato para escoger. No había nada que me sedujera ni nadie que me apeteciese seducir.

Entonces ocurrió. Sentí un leve cosquilleo en la nuca y un aroma dulce, mezcla de nuez moscada y canela, invadió mi nariz. Busqué con los ojos al dueño de ese olor que me había cautivado -tenía que ser él quien me diese de cenar aquella noche-, y cual fue mi sorpresa cuando descubrí que no era él, sino ella.

Mi confusión duró un simple instante, pues la barrera impuesta por el tabú de tocar a otra mujer cayó estrepitosamente derruida por el simple aroma de la canela.

Me acerqué a ella y la invité a bailar.

No pasamos ni diez minutos en la pista -contoneándonos provocativamente, azuzando nuestro instinto seductor, acariciándonos al ritmo de la música-, que ya estábamos en un reservado, la cortina manteniendo al resto del mundo fuera. Nuestras bocas se encontraron y nos besamos sin pudor mientras mi mano buscaba con ansias debajo de su falda hasta encontrar su sexo, que se abrió a mis caricias como una flor al rocío de la mañana.

Gemiamos, nos besabamos, y sus manos liberaron mis pechos de la blusa. Ella empezó a lamer mis pezones, tumbadas sobre la mesa, yo encima y ella debajo…

Entonces sentí el aroma de Kurayami cerca, muy cerca, y le llamé.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. yo te relameria entera si fueras atraída sólo un poco por mi olor a asfalto y roquefort…

  2. anoche volvía borracho a casa pero tenía algo de hambre. me paré a mear en un contenedor y me metí dentro a ver si encontraba algo de papeo. mientras rebuscaba entre compresas y cascaras de platanos empezé a notar un olor sensual a sudor… ya lo conocía, era tu olor! quizas un pañuelo que utilizaste para refrescarte o quizas una camiseta que tu misma tiraste porqué muy gastada. lo que importa es que no pude contenerme y empecé a masturbarme entre la basura como un perro cachondo, y finalmente me corrí imaginando el sudor que colaba de tu entrepiernas. casualidad hoy mismo encuentro este relato de plabras mediocres donde resalta tu exuberante sensualidad ocultada de tanta banalidad que te han suministrado a la furza desde que eras pequeña. escribeme

  3. … … … … …

    Muy asquerosamente gráfico. No se si es esto lo que pretendías pero, sinceramente, no me gusta tu estilo Bukowski. De todas formas, gracias por los comentarios…


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