El maestro cantor – Orson Scott Card

el maestro cantorAnsset estaba tendido en el regazo de Esste, asiéndole el pelo frenéticamente, cuando por fin dejó de tiritar, y abrió lentamente la boca, y sus ojos por fin se aclararon y la vio.

-Mamá- lloró, y no había canción en su voz, solo infancia.

Esste abrió la boca, y las lagrimas bañaron sus ojos y al parpadear cayeron sobre las mejillas del niño.

-Ansset, mi único hijo- cantó desde lo más profundo de su corazón.

El niño lloró y se aferró a ella, y Esste balbuceó palabras sin significado, le cantó sus canciones más tranquilizadoras y le abrazó con fuerza. Yacían en las mantas de la Sala Alta mientras la tormenta estallaba en el exterior. Y mientras sostenía contra su hombro su cara magullada y cortada, también Esste lloró. Porque dos lugares ocultos habían sido sondeados, y ella no sabía ni le importaba cuál había sido el logro más importante. Había encerrado a Ansset en el silencio de la Sala Alta para curarle. Él le había devuelto el favor y ahora ella también estaba curada.


Era la tarde del decimocuarto día. La luz del sol fluía a través de las rendijas de los postigos occidentales. Ansset y Esste permanecían sentados en el suelo de la Sala Alta, cantándose mutuamente.


La cancion del niño era insegura, aunque la melodía era aguda y fina, y sus palabras eran toda la agonía de la pérdida y la soledad mientras crecía, pero la agonía había sido transformada, estaba siendo transformada incluso mientras cantaba, por la armonía y la contramelodía de la canción sin palabras de Esste que decía no tengas miedo, no tengas miendo, no tengas miedo. Las manos de Ansset bailaban mientras cantaba, jugueteaban con los brazos, la cara, los hombros de Esste, capturaban sus manos y la dejaban ir. Su cara estaba iluminada mientas cantaba, sus ojos estaban vivos, y su cuerpo decía tanto como su voz. Pues mientras su voz hablaba del recuerdo del miedo, su cuerpo hablaba de la presencia del amor.

Fragmento de El Maestro Cantor, de Orson Scott Card

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4 comentariosDeja un comentario

  1. me paré delante la ventana antes de entrar en el atico. joder! olor a plata! entré sabiendo lo que me habria encontrado. naruto untado sobre un colchon como la mermelada sobre una tostada, rodeado de aluminio. hace dias que creia haberme librado de el. puse a hervir agua sobre las latas. tres latas de creveza y una de atun en el medio llena de alcol de quemar, una invencion de zeke el chispa. unas verduritas y cabezas de pescado que reciclé por el camino. una botella de vino picado y a leer. hipnotizado por el ruido de las goteras. la danza de la vela. orson scott card. una dama elegante que nunca conocí. letras que viajan por la luz y numeros que flotan en el etere. leidas seis paginas hubo un relampago en el cuarto y me apareció hellcat nuevecolas en persona, con su barba enramada y sus ojos como braza ardiente. me dijo: ya gastaste seis, deedee, este va a ser tu ultimo trago…

    • Que desagradable debe ser encontrarse a Naruto, sea cual sea la forma en la que esté…

  2. Buscando historias encontre tu espacio. Una gran variedad de temas, ideas, pensamientos, reflexiones y por supuesto historias.
    Sé que volveré. No conozco a Orson Scott, pero por el fragmento que leo… bueno.. sé que también le buscaaré.
    Un abrazo


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