Diario de Kurayami 3

"Vampiro" de Edvard MunchHikari lleva varias semanas saliendo con ella y me maldice constantemente porque no deja de mandarle señales para seducirlo y a el le cuesta mucho no responder; pero no lo hará, no hasta el momento inevitable de la transformación, cuando ella se alimente de él por vez primera y la llamarada inevitable del deseo se apodere de ambos.

He de confesar que en realidad me gustaría ser yo quien profanara su virginal cuello y que ella me mordiese ansiosa buscando mi cuerpo… Pero es mejor que no sea así. La relación de dependencia que se establece entre padre e hijo en estos casos es tan fuerte que cuando me dijese “te amo” nunca sabría si es a mi o al “padre”. Por eso quiero que sea Hikari quien ejerza de tal; para él esta paternidad, que yo ya tengo bastantes hijos…

Ya se su nombre, aquel por el que será conocida entre nosotros: Akeru.

No es un nombre cualquiera, pues es un verbo y su significado, amanecer, irá ligado a mi renacer, a la nueva vida que emprenderé con ella, si todo va bien. Se que está destinada a cerrar mis viejas heridas, lo se, alguien me lo susurra al oído constantemente; quizá me abra otras nuevas, quien sabe, pero cualquier cosa que haga cambiar mi actual situación será bienvenida, aunque sea un motivo nuevo de desesperación.

Pocas veces me atrevo a unirme a ellos. Hikari cree que es una estrategia para hacerme el interesante, el enigmático, pero no es así. Por primera vez en muchos siglos me siento intimidado por una mujer y todas las palabras que pronuncio me parecen insulsas y carentes de significado: me siento estúpido. Aunque, por supuesto, me escondo detrás de mi mascara cargada de estoicismo rezando para que nos e de cuenta del verdadero motivo de mi silencio: que no se que decir, que ante ella me quedo sin palabras y en lo único que puedo pensar es en besar sus labios, acariciar su piel y perderme en el perfume de su pelo…

Debo parecerle un perfecto idiota.

P.D. ¡Aceptó! ¡Sí! ¡Va a convertirse! Mi alegría es tan grande que desborda el mundo y por primera vez en mucho tiempo creo que esto aun puede terminar bien.

Aun hay esperanza…

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7 comentariosDeja un comentario

  1. ooooi! te he ofendido. que capullo insensible. para que me perdones te iré iluminando con mi inmensa cultura y mi infinita imaginacion. quizas si me lo curro mucho mis sueños…

  2. Había, en Mesina tres jóvenes hermanos y mercaderes, y hombres, que habían quedado siendo bastante ricos después de la muerte de su padre, que era de San Gimigniano, y tenían una hermana llamada Elisabetta, joven muy hermosa y cortés, a quien, fuera cual fuese la razón, todavía no habían casado. Y tenían además estos tres hermanos, en un almacén suyo, a un mozo paisano llamado Lorenzo, que todos sus asuntos dirigía y hacía, el cual, siendo asaz hermoso de persona y muy gallardo, habiéndolo muchas veces visto Isabetta, sucedió que empezó a gustarle extraordinariamente, de lo que Lorenzo se percató y una vez y otra, semejantemente, abandonando todos sus otros amoríos, comenzó a poner en ella el ánimo; y de tal modo anduvo el asunto que, gustándose el uno al otro igualmente, no pasó mucho tiempo sin que se atrevieran a hacer lo que los dos más deseaban…

  3. Y continuando en ello y pasando juntos muchos buenos ratos y placenteros, no supieron obrar tan secretamente que una noche, yendo Isabetta calladamente allí donde Lorenzo dormía, el mayor de los hermanos, sin advertirlo ella, no lo advirtiese; el cual, porque era un prudente joven, aunque muy doloroso le fue enterarse de aquello, movido por muy honesto propósito, sin hacer un ruido ni decir cosa alguna, dándole vuelta a varios pensamientos sobre aquel asunto, esperó a la mañana siguiente. Después, venido el día, a sus hermanos contó lo que la pasada noche había visto entre Isabetta y Lorenzo, y junto con ellos, después de largo consejo, deliberó para que sobre su hermana no cayese ninguna infamia, pasar aquello en silencio y fingir no haber visto ni sabido nada de ello hasta que llegara el momento en que, sin daño ni deshonra suya, esta afrenta antes de que más adelante siguiera pudiesen lavarse. Y quedando en tal disposición charlando y riendo con Lorenzo tal como acostumbraban, sucedió que fingiendo irse fuera de la ciudad para solazarse llevaron los tres consigo a Lorenzo; y llegados a un lugar muy solitario y remoto, viéndose con ventaja, a Lorenzo, que de aquello nada se guardaba, mataron y enterraron de manera que nadie pudiera percatarse; y vueltos a Mesina corrieron la voz de que lo habían mandado a algún lugar, lo que fácilmente fue creído porque muchas veces solían mandarlo de viaje.

  4. No volviendo Lorenzo, e Isabetta muy frecuente y solícitamente preguntando por él a sus hermanos, como a quien la larga tardanza pesaba, sucedió un día que preguntándole ella muy insistentemente, uno de sus hermanos le dijo:
    -¿Qué quiere decir esto? ¿Qué tienes que ver tú con Lorenzo que me preguntas por él tanto? Si vuelves a preguntarnos te daremos la contestación que mereces.
    Por lo que la joven, doliente y triste, temerosa y no sabiendo de qué, dejó de preguntarles, y muchas veces por la noche lastímeramente lo llamaba y le pedía que viniese, y algunas veces con muchas lágrimas de su larga ausencia se quejaba y sin consolarse estaba siempre esperándolo. Sucedió una noche que, habiendo llorado mucho a Lorenzo que no volvía y habiéndose al fin quedado dormida, Lorenzo se le apareció en sueños, pálido y todo despeinado, y con las ropas desgarradas y podridas, y le pareció que le dijo:
    -Oh, Isabetta, no haces más que llamarme y de mi larga tardanza te entristeces y con tus lágrimas duramente me acusas; y por ello, sabe que no puedo volver ahí, porque el último día que me viste tus hermanos me mataron

  5. Y describiéndole el lugar donde lo habían enterrado, le dijo que no lo llamase más ni lo esperase. La joven, despertándose y dando fe a la visión, amargamente lloró; después, levantándose por la mañana, no atreviéndose a decir nada a sus hermanos, se propuso ir al lugar que le había sido mostrado y ver si era verdad lo que en sueños se le había aparecido. Y obteniendo licencia de sus hermanos para salir algún tiempo de la ciudad a pasearse en compañía de una que otras veces con ellos había estado y todos sus asuntos sabía, lo antes que pudo allá se fue, y apartando las hojas secas que había en el suelo, donde la tierra le pareció menos dura allí cavó; y no había cavado mucho cuando encontró el cuerpo de su mísero amante en nada estropeado ni corrompido; por lo que claramente conoció que su visión había sido verdadera. De lo que más que mujer alguna adolorida, conociendo que no era aquél lugar de llantos, si hubiera podido todo el cuerpo se hubiese llevado para darle sepultura más conveniente; pero viendo que no podía ser, con un cuchillo lo mejor que pudo le separó la cabeza del tronco y, envolviéndola en una toalla y arrojando la tierra sobre el resto del cuerpo, poniéndosela en el regazo a la criada, sin ser vista por nadie, se fue de allí y se volvió a su casa.

  6. Y continuando la joven siempre de esta manera, muchas veces la vieron sus vecinos; los cuales, al maravillarse sus hermanos de su estropeada hermosura y de que los ojos parecían salírsele de la cara, les dijeron:
    -Nos hemos apercibido de que todos los días actúa de tal manera. Lo que, oyendo sus hermanos y advirtiéndolo ellos, habiéndola reprendido alguna vez y no sirviendo de nada, ocultamente hicieron quitarle aquel tiesto. Y no encontrándolo ella, con grandísima insistencia lo pidió muchas veces, y no devolviéndoselo, no cesando en el llanto y las lágrimas, enfermó y en su enfermedad no pedía otra cosa que el tiesto. Los jóvenes se maravillaron mucho de esta petición y por ello quisieron ver lo que había dentro; y vertida la tierra vieron el paño y en él la cabeza todavía no tan consumida que en el cabello rizado no conocieran que era la de Lorenzo. Por lo que se maravillaron mucho y temieron que aquello se supiera; y enterrándola sin decir nada ocultamente salieron de Mesina y ordenando la manera de irse de allí se fueron a Nápoles. No dejando de llorar la joven y siempre pidiendo su tiesto llorando murió y así tuvo fin su desventurado amor; pero después de cierto tiempo, siendo esto sabido por muchos hubo alguien que compuso aquella canción que todavía se canta hoy y dice: Quién sería el mal cristiano que el albahaquero me robó.

  7. Gracias, gracias, oh gurú de la cultura, ja ja ja.

    Es muy triste esta historia del Decameron. ¿No tienes alguna de tu propia cosecha?

    Besos


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