Diario de Akeru XCIV

ha de estar por aqui...-Háblame sobre esos sueños- me pidió.

Y yo lo hice. Le conté que el contexto era variado. A veces era de día, otras de noche; podía transcurrir en mitad de una avenida concurrida, dentro de una cueva, en medio de un bosque, en mitad del desierto, dentro de un almacén abandonado… El entorno podía ser tan variable como el mundo que nos rodea, pero los hechos en sí eran inmutables: Hikari y Kurayami de rodillas y muy mal heridos, Ekaterina riendo como una loca con la sombra siempre a su espalda moviendo sus hilos como un titiritero y yo allí presente pero sin poder hacer nada. Nunca veía que sucedía al final porque me despertaba antes gritando y con la terrible sensación de haber perdido lo unico verdaderamente importante en mi vida.

Se lo tomo muy en serio.

-Antiguamente- me dijo-, los dioses hablaban a los mortales a través de los sueños. Ahora dicen que son manifestaciones de nuestra propia psique. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos. Yo creo que a veces, cuando nuestra mente esta dormida y nuestro espíritu esta libre, le da por meter las narices en los rincones prohibidos, allí donde las Moiras tejen el hilo de nuestra vida, y si somos lo suficientemente avispados, podemos ver qué nos depara el porvenir. Normalmente olvidamos porque no es conveniente que sepamos mas de la cuenta, pero a veces, solo a veces, lo que vemos es tan horrible que nuestro espíritu se ve en la necesidad de alertarnos; y la única forma que tiene es a través de los sueños. Tu espíritu ha visto algo, Akeru, e intenta por todos los medios avisarte. Lo que no comprendo es que Kurayami no te haya tomado en serio.

-Yo tampoco lo entiendo, Aquiles, pero es así.

-No te preocupes, niña- me dijo sonriendo, intentando levantarme el animo-. Te ayudaré a encontrarlos. Déjame hacer unas llamadas. Lo que no puedo garantizarte es el tiempo que tardaré en tener noticias. Pueden pasar semanas.

Sonrei cansada. Semanas. Podrían tardar semanas en conseguir algo, si es que lo conseguia.

Se levantó de la cama y llamó por teléfono varias veces. Yo me tumbé y me hice un ovillo mientras le oía hablar en distintos idiomas que no entendía. Por un lado me sentí aliviada al darme cuenta que ya no estaba sola en esto; por otro lado me sentí mal al pensar en Kurayami. Estaba utilizando a uno de los Siete, su influencia y contactos con los demás vampiros, para hacer algo que me había dicho que no hiciera. Se enfadaría cuando se enterase de mi pequeño motín, pero parte de mi encanto -como él me dice siempre-, está en hacer siempre lo que creo que debo hacer, y no lo que me dicen que haga… Soy rebelde por naturaleza, idealista y muy independiente. Tomo mis propias decisiones y actúo en consecuencia. Espero no equivocarme esta vez.

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