Diario de Kurayami 9

bajo el veloEkaterina se comportó durante la Reunión Anual, excepto por un pequeño intento de rebelión que sofoque llevándomela a su invernadero. Allí me suplicó pero permanecí firme. Me dio lastima pero parece que por fin lo ha comprendido. Lo espero por su propio bien.

La Reunión fue un éxito. Hable con los Siete y me informaron, como cada año, de las novedades en cada uno de sus Dominios. Todo está bien, todo esta tranquilo, como siempre.

Es fácil gobernarlos. A veces hay disputas y tengo que intervenir, ejercer de juez oyendo ambas partes y tomando la decisión mas justa, pero eso ha ocurrido pocas veces a lo largo de los siglos y teniendo en cuenta que se cuando me mienten o me dicen la verdad, no es difícil. La parte mas complicada es juzgar cuando uno de nosotros se convierte en un peligro para ambas sociedades, la humana y la vampírica.

Nos regimos por normas, que es la única forma en que una comunidad puede oponerse al caos en que degeneraría la convivencia sin leyes. Yo creé esas normas y yo soy quien les castiga cuando no se cumplen. Puede parecer dictatorial y quizá lo sea, pero mi prioridad es protegernos y proteger a la humanidad de nosotros mismos. En el pasado, en los inicios de nuestra andadura por este mundo, hubo muchos desmanes y yo mismo fui causante o partícipe en ellos, hasta que comprendí, o creí comprender, cuando una pregunta tomó forma en mi mente.

¿Por qué la Doncella me transformó en lo que ahora soy?

Tenia mil formas de mantenerme con vida eternamente y otras mil de obligarme a permanecer a su lado y servirla, lo que hubiese sido la peor tortura para mi, tener que complacerla oyendo su risa mezclada con los gritos de agonía de mi amor…

Pero me transformó y me expulso al mundo. ¿Por qué? ¿Que ganaba ella con eso? Porque jamas la vi dar un paso si no tenia algo que ganar… Y de repente tuve la respuesta: caos, muerte, destrucción… Soltad una jauría de perros salvajes y hambrientos en medio de un rebaño de ovejas y observad lo que ocurre. Eso es lo que quería, que yo fuese el primero de muchos que la servirían aun sin saberlo, matando para alimentarnos, siendo mensajeros del miedo, de su miedo.

Hay muchas cosas de ella que aun desconozco, pero si algo se de este tipo de seres es que se alimentan de la fe y las oraciones. Cada vez que un mortal pronuncia su nombre, ella come. Yo jamás aceptaré servirla de nuevo, y mucho menos permitiré que alguno de los mios lo haga. Por eso impuse las normas y por eso he castigado con dureza a aquellos que no las han acatado. Por eso jamas he hablado de ella con nadie. Y lo seguiré haciendo.

En cuanto a la Reunión, Akeru fue la sensación; todos estuvieron pendientes de ella y eso la incomodó bastante, lo se, pero supo ser ella misma en todo momento y me sentí muy orgulloso. Desde hace tiempo tengo la sensación que Akeru es mas de lo que parece, que detrás de ese corazón travieso y apasionado que me ha devuelto las ganas de vivir hay una poderosa fuerza que algún día despertará y nos dará una sorpresa a todos.

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