Diario de Akeru IC

comeme...Cuando llegué a casa, Kurayami estaba en la ducha. Había vuelto de su andadura nocturna y se estaba preparando para acostarse en cuanto amaneciera. Yo me quedé esperando en el salón-comedor, dando vueltas alrededor de la mesa como una fiera metida en una jaula. Ahora tendría que hacer algo, me decía, le obligaría a hacer algo. Hikarí nunca se hubiese desprendido del anillo voluntariamente…

Salió de la ducha con sólo una toalla rodeándole la cintura. Su largo pelo negro le chorreaba la espalda. Se le iluminaron los ojos al verme y me dedicó una amplia sonrisa que se congeló en el acto cuando se dió cuenta de mi cabreo.

-¿Que ocurre, cariño?- me preguntó. Yo no le dije nada, sólo dejé el anillo de Hikarí en la palma de su mano y esperé a ver qué decía. El rostro se le ensombreció y la preocupación fue patente-. ¿Dónde lo has encontrado?

-En uno de los escondrijos de Ekaterina.

-¡¿Qué?! ¡¿Que has ido tu sola a casa de Ekaterina?! -Su alarma me sorprendió. No esperaba una reacción así por su parte-. ¿Es que quieres volverme loco? ¡Maldita sea, Akeru, te dije que no hicieras nada!

-¡Tu no hacías nada, joder, y yo sé que está pasando algo! ¡Quiero encontrarle!

No contestó. Me miró con tristeza y suspiró, impotente. Se acercó y me abrazó con fuerza. Yo… yo no supe qué hacer más que dejarme abrazar.

-¿Por qué no confías en mi?- su voz sonaba muy triste.

-Porque no me cuentas nada. Eres tu el que no confía en mi. Si confiaras, me contarías lo que está ocurriendo.

Pasó su mano por mi pelo y yo me estremecí. Su boca, al lado de mi oído, aspiraba y expiraba haciéndome cosquillas con la ligera brisa que provocaba su aliento. Su presencia tan cerca de mi siempre hace que mi mente se abotargue y sea incapaz de pensar.

-Confía en mi, por favor -me dijo.

-Cuéntame lo que ocurre- le insistí.

Me besó en el cuello y yo me enfadé. Estaba intentando manipularme con carantoñas, sabiendo que difícilmente puedo resistirme a sus caricias y que un sólo dedo suyo hace que todo mi ser vibre de excitación y deseo. Me deshice de su abrazo suavemente, pero sintiendo ya en mi interior el fuego que siempre me consume al contacto con este vampiro.

-Cuéntame- insití, intentando mantener un poco la dignidad ya perdida, pues estaba loca y en lo único que podía pensar era en sus labios en mi cuello y sus manos en mi cuerpo.

Se rindió. Dejó caer sus brazos a los lados de su cuerpo y me miró sonriendo sin ganas.

-Eres cabezota. Sólo quiero mantenerte alejada del peligro.

-Entonces yo estaba en lo cierto. Hikarí está en peligro.

-No sólo Hikarí. Creo. Pero no estoy seguro aún, por eso preferí no contarte nada- me cogió las manos y las besó con fuerza-. Escucha, confía en mi, te lo suplico. Se acerca la reunión anual de Navidad; Hikarí y Ekaterina deberán asistir a la fuerza, nadie puede faltar a esa reunión. Habla con él entonces. Pero mientras tanto, por favor, mantente al margen.

Le besé en los labios, suavemente al principio, después con pasión. ¡Dios, cuanto le amo! Su toalla cayó al suelo mientras me rodeaba con los brazos y sus manos empezaban a quitarme la ropa, despacio como siempre hace, admirándose de mi presencia allí, de mi amor por él.

-Te quiero, -le dije al oído entre suspiro y suspiro, mientras su boca buscaba mi cuello y su lengua saboreaba mi piel – y haré lo que me pides… Pero acabada la reunión, me lo contarás todo.

No puedo evitarlo. Kurayami hace que pierda el sentido de todo, incluso mi resolución de estar enfadada con él y no dejarme manipular por sus besos. Así, entre sus brazos todo desapareció, incluída mi preocupación por Hikarí, y solo quedaron su boca y sus manos ávidas por darme placer, de recorrer mi cuerpo centímetro a centímetro, haciendo que mi piel tiemble a su contacto.

Me sentó sobre la mesa. Solo me quedaba puesta la ropa interior; el resto hacía rato que había ido a parar al suelo. Recorrió con su lengua el borde de mis sostenes sobre mis pechos, despacio; su mano izquierda se enterró entre mis muslos buscando donde entretenerse, acariciandome bajo las braguitas de encaje; hundí mis manos en su pelo mojado y empecé a beberme su amor entre suspiros, mirando el techo y viendo en él el cielo lleno de estrellas, con su luna rampante rugiendo de celos, pues también ella quería estar con Kurayami…

Le saqué la lengua a Selene y le dije jódete.

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