Diario de Akeru C

durmiendoEl atardecer nos sorprendió abrazados en la cama, somnolientos y cansados. Aquella noche deberíamos alimentarnos bien para reponer nuestras fuerzas, agotadas de tanto amarnos…

Acurrucada en sus brazos después de haber hecho el amor, el mundo parece mucho mejor de lo que es en realidad. Casi dan ganas de salir al día y decirle al sol, enseñándole el dedo corazón con ganas, métete tu luz donde te quepa que yo me quedo a oscuras al lado de mi amor. Lo haría si la luz del sol no fuese muy nociva para mi piel y, sinceramente, no tengo ganas de averiguar cuán dolorosa es…

-¿Quien te dió la dirección donde encontraste el anillo?- me preguntó Kurayami a media tarde, cuando el sol ya se escondía tras los edificios de enfrente y dejaba de importunar en nuestras cortinas cerradas.

-Te lo diré si me prometes no decirle nada. No quiero que te cabrees con él.

-Así que es un él… debería imaginarme quien es… ¿hacemos una apuesta?- parecía bromear, pero no se por qué, un escalofrío recorrió mi espalda.

-No quiero apostar. Prométeme que no habrá represalias. Al fin y al cabo, le utilicé.

-Así que además hubo sexo como pago… Querida, te estás convirtiendo en una gran manipuladora…

Cuando quiere, Kurayami consigue sacarme de mis casillas. Me levanté de la cama, enfadada otra vez con él, y me fui al baño, contoneando mi cuerpo desnudo ante sus narices. Me paré en la puerta y le miré. Él sonreía desde la cama, mirándome divertido.

-Soy buena alumna, deberías saberlo, y tu eres un maestro de la manipulación. Todo lo que se, lo estoy aprendiendo de ti.

Toma golpe bajo. Se que soy cruel a veces, pero es que no puedo evitarlo… Le quiero con locura, pero no me gusta que sea tan condescendiente conmigo… Vale que por experiencia vivida él debe ser más sabio que yo, pero eso no le da derecho a… a… a reirse de mi inexperiencia en algunos campos. Odio que haga eso.

Le saqué la lengua y me metí en la ducha. A los pocos minutos, vino detrás de mi a frotarme la espalda y a frotarse de nuevo conmigo… Es un insaciable… ¡Cuánta sangre se vertió en nuestras bocas aquella noche, para poder recuperarnos de tanto sexo!

-Aquiles -le dije en un susurro mientras me aplastaba contra los azulejos de la ducha-. Aquiles me ayudó…

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One CommentDeja un comentario

  1. que linda forma de escribir… espero y leas este comentario… haber si tas una vuelta por mi blog, haber si te interesa algo…

    Escribo medio raro entre rimas y prepoemas…. diarios, canciones… cosas que entretengan… aunque me olvido del lector… y de su opinion tan sensata… que enveces enriqueze las letras..que enveces las mata….

    http://unpsicologoendesarrollo.blogspot.com/

    atte alanglez!


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