Caminar

playa-barra-07Caminar. Nuestras manos entrelazadas mientras pisamos nuestras sombras. El sol, desde su carro celestial, nos observaba atento a nuestras caricias veladas. Éramos felices, en ese entonces. Cualquier excusa era válida para besarnos, y cualquier momento era bueno para hacer el amor. No nos importaba nada, ni nadie era mas importante que nosotros mismos.

La arena de la playa y el agua del mar acariciaban nuestros pies desnudos mientras caminábamos. El azul del cielo competía con el verde del mar en el horizonte, intentando ganar terreno el uno al otro, inmortalizándose en un manto de colores fríos que ofuscaba la cólera del observador mancillado, aquel que acude al mar para llorar sus penas y dejar que las lagrimas limpien todo el dolor.

El calor del sol nos acariciaba la espalda mientras el agua nos lamía los pies, y tus manos me asían por la cintura para atraerme hacia ti y poder besarme, con ganas, con pasión, olvidados los ojos que nos miraban.

Éramos felices, en ese entonces. Cuando la sonrisa iluminaba nuestros rostros y las carcajadas acudían fácilmente a nuestra garganta. No importaba el piso pequeño donde vivíamos ni la cama estrecha porque no cabía una mas grande. Siempre decías riendo que era mejor así, porque de esa forma siempre tenias una excusa para dormir abrazado y yo no podía quejarme porque no teníamos otro remedio. Y yo me reía también y te decía que desde cuando necesitabas una excusa para abrazarme…

Éramos felices, sí, muy felices. Me hacías el amor todos los días en cualquier lugar, no importaba donde. Recuerdo aquel día que viniste a buscarme a la oficina y nos metimos en el baño, y allí me hiciste tocar las estrellas con las manos, gimiendo en susurros porque si don Genaro nos pillaba seguro me despediría… Pero en ese entonces éramos felices y no me importaban los riesgos. Aún pensábamos que el amor todo lo podía y que ninguna dificultad sería suficientemente terrible como para que no pudiésemos con ella.

Pero nos habíamos olvidado de algo.

Nos habíamos olvidado de la rutina, el tedio, el aburrimiento. Tres nombres para una misma cosa, tres nombres para el asesino de nuestro amor…

Éramos felices, en ese entonces, cuando todo era una sorpresa y nada nos divertía mas que estar juntos mirándonos a los ojos.

Lastima que ya no es así.

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Published in: on 12 abril 2009 at 4:41 PM  Comments (1)  
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  1. tony empezó a comer con avidez el plato de espaguetis que marcos le ofreció, probablemente el primer plato caliente que comia desde hacia meses. en el fondo era bastante guapa. un cuerpo esqueletico que conservaba todavia unas pocas curvas. alta. la cara huesuda no tan descaradamente yonki. la nariz sureña. luego se le escapaba una sonrisa, que enseguida escondia avergonzada, porque descubria los pocos dientes que le quedaban. las otras putas de la zona la envidiaban.
    tony era entrañable. cuando marcos ocupó la casa encima de la donde vivia ella con su compañero, les pinchó la luz y el agua a cambio de que limpiaran el patio de la alfombra de chutas y bolsas de basura.
    comia con la sangre a los ojos, probablemente tambien por el subidon de blanca que llevaba. marcos empezó a fantasear sobre la linea de sus muslos, siguiendola con la mirada despacito hasta el punto en que la minifalda paraba el trayecto exaltando la imaginacion.
    ella comia con gusto. de pronto se paró. “joder! mi diente! me lo he tragao! mi diente! que hago? si lo recupero me lo volveran a pegar! que hago?” corrió a la ducha, se metió la manguera en la boca y tragó cuanta agua podia sin respirar, luego abrió los ojos de par en par, como si esperara una revelacion divina, y… shhhhh….shhhhh… hechó una pota memorable, de estas que parecen salir de botellas de champagne agitadas. empezó a rebuscar en el vomito llorando y gimiendo “mi diente!”. y seguia vomitando, sollozando y chapoteando. “que hago? quizas si tomo laxante luego lo encontraré!”.
    marcos miró al plato. cogió el diente que descansaba con aire cinico en la salsa y lo tiró por la ventana.


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