Diario de Akeru CII

medium_desnudaFue un alivio para mi darme cuenta que ya no era el tema preferido de conversación entre los invitados al banquete. La novedad del año anterior -o sea, yo y mi relación con Kurayami- ya no eran noticia, así que ya no había quinientos pares de ojos mirándome disimuladamente intentando catalogarme. Sólo hubo dos comensales cuya mirada sentía muy encima de mi -literalmente- y en otras circunstancias -si hubiese localizado a Hikarí y hubiese podido hablar con él-, me habría sentido muy halagada y extremadamente excitada. Pero esa noche, no; esa noche solo pensaba en Hikarí…

Acabó la cena y fuimos pasando al salón de baile. Recorrí todos sus rincones y pregunté a todo el mundo, pero nadie les había visto. Me sentí desesperada; no habían venido, estaba segura.

Busqué a Kurayami, perdido entre la gente y tampoco le ví, pero eso no era extraño; el año anterior también había desaparecido un buen rato, así que supuse que estaría reunido con los 7.

Volví a la recepción a preguntar de nuevo por si acaso habían llegado tarde, pero la respuesta del estoico recepcionista fue un no seco y desagradable. Me dieron ganas de morderle con mala leche y dejarlo tirado detrás del mostrador para que le despidiesen por dormirse, pero pude controlar mis instintos y decidí sonreirle seductoramente mientras le daba las gracias por su amabilidad. Fue más divertido de lo que esperaba, ver su cara de “no entiendo nada de nada” mientras le lanzaba un beso en agradecimiento. Responder a los malos modos con amabilidad es una buena técnica de desarme, a mi me funcionó, porque cuando volví a preguntarle dos horas más tarde, su actitud había cambiado; incluso me sonrió.

Eran más de media noche y aún no habían llegado. Mierda. Estaba segura que ya no aparecerían, pero me equivoqué.

Volví a la fiesta en busca de Kurayami. Esperaba que sus reuniones ya hubiesen terminado y le busqué por el salón de baile, pero no le encontré.

Tenía ganas de llorar. En mi vida nunca me había sentido tan terriblemente impotente; Hikarí me necesitaba, lo sabía, y yo era tan inútil que no sabía qué hacer.

Busqué refugio en la parte más oscura y solitaria del salón. Tenía ganas de salir corriendo a esconderme en mi dormitorio, pero pensé que debía quedarme por si acaso… por si acaso Kurayami me buscaba… por si acaso Hikarí aparecía…

-Pareces preocupada -me dijo a mi espalda una voz conocida. Me giré intentando sonreír, pero mi mueca le alarmó aún más-. ¿Qué te ocurre, Akeru?

Me abracé a Vlad. Estaba cansada, agotada, sin fuerzas. Necesitaba que Kurayami me rodeara con sus brazos y que me dijera que todo iba bien, pero Kurayami no estaba. Por eso me aferré a Vlad con desesperación y me costó un mundo no estallar en lágrimas allí mismo.

-Ven- me dijo.- Salgamos de aquí.

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2 comentariosDeja un comentario

  1. en sestos dias no tengo mucho tiempo para la poesia. no he olvidado tu propuesta indecente. te enviaré el cuento en cuanto me quite de estos lios. un beso


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