Diario de Akeru CIII

2865307917_829687dc9d_oVlad pasó su brazo por mi cintura y me llevó empujándome suavemente. Salimos del salón de baile y nos refugiamos en el bar. Estábamos prácticamente solos; un par de vampiros borrachos en la otra punta de la barra y el camarero eran los únicos habitantes de aquel hábitat. Nos sentamos alrededor de una mesa y cuando el barman nos trajo las bebidas -whisky con hielo- me aferré al vaso como antes me había aferrado al cuerpo de Vlad y lo apuré de un trago.

-Necesito mas- dije con voz ronca. Vlad pidió la botella con un gesto de la mano y volvió a llenarme el vaso, pero no me dejó beber. Puso su mano sobre mi vaso y me dijo:

-Antes de emborracharte ¿por qué no me cuentas qué pasa?

Me eché a llorar. Durantes unos minutos interminables fui de nuevo esa niña perdida que tanto odiaba ser, la que no sabía dónde estaba su sitio y parecía no encajar en ningún lado. Hacía muchos meses que no lloraba, que no me autocompadecía; desde aquella noche en casa de Mick cuando comprendí por fin en qué me había convertido.

Le conté a Vlad lo que me pasaba, como había hecho con Aquiles, pero esta vez se lo contaba a un amigo con el único propósito de desahogarme.

-Ekaterina está muy cabreada con Kurayami porque puso fin a su relación. Ella sólo le hacía daño y al conocerme y enamorarse, supongo que enconró la fuerza para terminar. Busca vengarse, supongo, hecernos daño, y utilizó su influencia sobre Hikarí para alejarlo de nuestro lado. No lo consiguió, porque aunque ellos dos estaban juntos, él seguía en contacto con nosotros. Hasta hace mas o menos un mes. No he vuelto a saber nada más de él desde que nos encontramos por casualidad y pasamos la noche juntos. Han desaparecido; nadie sabe nada. Es como si se los hubiese tragado la tierra. Y encontré este anillo en su casa, tirado detrás del sofá. Hikarí nunca se hubiese desprendido de él voluntariamente. Se lo regalé yo poco después de que me transformara… Y además están los sueños, tan… reales. Siempre los veo heridos, a Kurayami y a Hikarí, a los pies de Ekaterina; pero Kat no es Kat, sino un títere cuyos hilos maneja su propia sombra…

Me callé, y el silencio duró bastantes minutos en que solo atendimos el contenido de nuestros vasos. El nivel del whisky bajó bastante rápido. Quizá no era un buen momento para emborracharse pero solo podía pensar en que no quería pensar; olvidarlo todo, aunque fuese sólo durante unas horas, y procurar divertirme…

Al cabo, Vlad preguntó:

-¿Y Kurayami que dice?

-Al principio me daba largas, pero hace unos días admitió que pasaba algo y me pidió que no me entrometiera mas. Que esperara hasta esta fiesta y que mañana me lo contaría todo. Yo acepté pensando que Hikarí estaría aquí hoy, pero no han venido.

-Eso no es normal. Nadie falta a la Reunión anual, solo los exiliados.

-¿Los exiliados?

-Sí; de vez en cuando alguno de nosotros se desmanda, comete alguna atrocidad y el Primero lo castiga usando su magia para encerrarlo en algún lugar lejos de los humanos. Allí se convierte en una uva pasa y ya no jode más a nadie.

Había leído algo en el diario de Kurayami, pero apenas lo recordaba; sin embargo, eso no tenía nada que ver con la ausencia de Hikarí.

-No creo que éste sea el caso -le dije-. Hikarí es absolutamente incapaz de hacer daño a nadie, aunque no puedo decir lo mismo de Kat.

Vlad no sabe que el Primero es Kurayami. Si algo así hubiese ocurrido, me lo hubiera dicho. Creo.

-No te preocupes- me dijo Vlad. Había volado casi la botella entera y ya empezaba a arrastrar la lengua-. Por lo que yo se, Kurayami es un tío muy capaz. Pase lo que pase, encontrará la solución.

Me dio la risa. Nunca había pensado en Kurayami como “un tío muy capaz”. De repente Vlad se puso serio.

-¿Me disculpas un momento? -me dijo mientras su rostro empalidecía tomando un tono verdoso-. Voy a buscar un rincón para vomitar…

Se levantó y me dejó sola con la botella de whisky un buen rato. La terminé y pedí otra y, como me aburría, me entretuve vaciándola. El hielo del vaso hacía rato que se había derretido, pero ni me di cuenta.

Estaba bastante borracha cuando Aquiles vino a buscarme y fue a partir de ese momento que los acontecimientos se precipitaron y el caos se apoderó de mi vida.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Siempre he pensado que eso de beber demasiado no puede llevar a nada bueno… 😉

    • Estoy de acuerdo contigo, je je, aunque a veces puede ser divertido, ji ji 😉

  2. que se lo digan a la que posó para la foto… 😀


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