Ruth ya no es una niña -5-

-¿Te gusta?- le preguntó Ruth girando sobre si misma. Jason asintió sin poder hablar aún. Su corazón galopaba desbocado y tenía una extraña sensación de mareo detrás de los ojos-. ¿Que tienes entre las manos?

De repente volvió a ser consciente de si mismo. Se miró las manos, apenado y ridículo por culpa de esa estupida caja. ¿Por qué pensó que podría gustarle? Eso es un regalo para una niña, no para una mujer.

-Yo… hice… hice esto para ti-, balbuceó.

Ruth la cogió y sus ojos brillaron de alegría. ¿Podría ser que le gustase?

-Abrela.

Ella le hizo caso y la muscia empezo a sonar. Era la melodía de una canción triste, que hablaba del amor no correspondido que sentía un hombre mortal por la luna eterna. Acarició la caja, feliz, y una lagrima asomó en uno de sus ojos.

-Me gusta mucho. Gracias, Jason.

Y le abrazó, ante la divertida mirada de Sofía. ¿Ay, la juventud! ¡Cuanto tiempo perdido por culpa de las dudas y los miedos! Si supiéramos lo rápido que pasan los años, no nos andaríamos con tantas tonterías.

-Voy a salir- les dijo de pronto-. Cesca Pradoverde me ha pedido que me pase por su casa por no se que asunto. ¿Puedes ensillarme la mula, Jason?

-¡Oh, mamá!- dijo Ruth algo decepcionada, separándose de Jason-. ¿De veras tienes que ir?

-Si, cariño. Lo siento. Vamos, Jason, ¿a qué esperas?

Jason salió de la casa con el cuerpo agarrotado. ¡Dios! Tenerla entre sus brazos había sido como abrazar la luna, un sueño. Y con ese vestido… Se estremeció solo de pensar en la suavidad de su piel y el perfume de su pelo… Tendría que mantenerse alejado de ella el resto de la tarde, pero se movía de ganas de volver a abrazarla.

Cuando Jason las dejó solas, Sofía abrazó muy fuerte a su hija.

-¿Le quieres mucho, verdad?- le preguntó. Ruth se ruborizó y no contestó-. Si le quieres, ves a por él.

-¡Mamá!

-Cariño, los hombres a veces, además de tontos, son ciegos. Él está loquito por ti, pero no se atreve a dar el primer paso. ¡A saber que tonterías pasarán por su cabeza! Hazme caso, si le quieres de verdad, díselo. Tenéis mi bendición-. Las lágrimas fluyeron por el rostro de Ruth; eran de alegría y agradecimiento por tener una madre tan estupenda-. Y ahora me voy, que Cesca me está esperando. Hasta la noche, cariño.

-Hasta la noche, mamá.

Jason ya tenía la mula preparada cuando Sofía salió de la casa. montó, agarró fuerte las riendas y, antes de irse, le dijo a Jason, muy seria:

-Ni se te ocurra correr a esconderte cuando yo me haya ido. Ruth quiere hablar contigo de algo muy importante, así que entra en la casa.

Jason asintió. De pronto volvió a sentirse como cuando era niño y Sofía lo reñía por haber hecho alguna trastada. Entró en la casa sin atreverse a replicar. Sofía sonrió, satisfecha. Si hoy no se aclara todo entre estos dos, pensó, no se aclarará nunca. Recordaba como si fuese ayer la primera vez que Mauro y ella Habían hecho el amor; Sofía, cansada de esperar que aquel muchachote grande y fuerte se decidiese, había trazado un plan. Salió bien y estuvieron juntos hasta que lo mataron. De repente se sintió terriblemente sola. Quizá Ruth tenía razón y debía buscar un hombre que le calentase los pies por la noche…

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