Diario de Akeru CIV

humzha_by_yaschuaCuando Aquiles llegó, yo ya estaba completamente borracha.

-Estas aquí-, dijo en tono paternalista-. Kurayami te está buscando. Vamos, te llevaré con él.

Quiero convencerme que fue culpa del alcohol que llevaba acumulado en el cuerpo, aunque se que no es así. Me engañó, total y completamente. Ni siquiera cuando compartimos cama, cuando hicimos el amor días atrás, fui capaz de darme cuenta que era un traidor. Jugó muy bien su papel cuando le pedí ayuda y me llevó de la mano por el camino que él quería que siguiese. Me utilizó, hijo de puta.

Estaba tan borracha que cuando me levanté casi me caigo. Aquiles me recogió en un abrazo y yo pensé “que guapo es”. Idiota. Idiota. Idiota. Tengo vagos recuerdos a partir de ahí; mi mente se nubló bastante y aunque se que pensé en Vlad -volvería y no me iba a encontrar esperándole- no pude decir nada. Menos mal. No se cómo se hubiesen desarrollado los acontecimientos si hubiese alertado a Aquiles de su presencia allí.

Subimos en el ascensor. Lo se porque el movimiento vertical hizo que mi estómago se convulsionara y tuve unas fuertes arcadas que a punto estuvieron de hacerme vomitar sobre el griego. Ojalá lo hubiese hecho, pero la consciencia se fue de vacaciones y quedé inerte entre sus brazos. No se qué pasó hasta que recuperé el conocimiento al cabo de un rato.

De lo primero que fui consciente fue de lo mullida que era la alfombra sobre la que se apoyaba mi cara. Estaba boca abajo, en el suelo de algún lado. Después, antes de intentar siquiera abrir los ojos, fue el terrible dolor de cabeza que tenía. Recuerdo que pensé “si que la he pillado gorda, que me he dormido en el suelo“, pero las voces que empecé a oír hicieron que mi aturdimiento despareciera de repente.

Fue igual que una vez en el trabajo, en otra vida y otro mundo. Una chica se desmayó y se dió un fuerte golpe en la cabeza al caerse al suelo. Yo la socorrí: la puse de lado, le abrí la boca para comprobar que no se estaba tragando la lengua y le taponé la herido con un pañuelo. Mis compañeras se quedaron aturdidas sin saber qué hacer ni cómo reaccionar, hasta que yo les pedí que llamaran al 061. Después todo fueron halagos para mi, per mi sangre fría que me permitió reaccionar y, probablemente, salvarle la vida. Si se hubiese quedado tirada boca arriba, hubiese acabado ahogándose por culpa de su propia lengua…

Las voces que oí antes de abrir los ojos tuvieron de mi la misma respuesta. Todos los miedos, dudas y angustias que habían estado oprimiendo mi corazón, se disiparon. Ahí estaba lo que había estado esperando; lo que todos mis sentidos me habían estado gritando ¡peligro! ¡peligro! durante las últimas semanas, por fin había llegado. En cuanto abriera los ojos, sería consciente de lo que pasaba y podría actuar.

Por fin.

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