Diario de Akeru CVII

5Sí, lo se. Teniendo en cuenta mi situación, no hubiese debido ir provocando de esa manera, pero no puedo evitar sacar mi vena sarcástica en todo momento, sobre todo cuando estoy nerviosa.

Me dió un revés en la mejilla que tenía sana y me encontré de nuevo en el suelo. Volví a levantarme siguiendo con la comedia de la borrachera. Me enredé con la falda -no fue a propósito- y casi me caigo de nuevo. Aquiles me cogió entre sus brazos y me sostuvo.

-¿Te importa si me quito esta ropa?- le dije. Aquiles sonrió mostrando sus dientes blancos. Cabrón.

-A mi no me importa.

-¿Me ayudas? Por la cintura hay varios lazos…

-Sé cómo se quitan estas faldas, querida…

Vaya. Me convertí en querida, y yo sin saberlo… Deshizo los lazos con maestría y cayeron al suelo, una a una, las varias capas de falda y enaguas; me quedé medio desnuda, solo con el corpiño y unas bragas de la época, con lacitos incluidos, y las medias. Los zapatos habían desaparecido hacía rato.

-¡Uy, mira, si tengo piernas! – grité con la alegría de un niño que acaba de encontrar su juguete favorito perdido.- ¡Y se mueven! Oye, ¿dónde está Kurayami? Dijiste que me buscaba…

-No te preocupes, querida. En seguida viene.

Volvió a sentarme en la silla y se apartó. Yo me estaba poniendo nerviosa. ¿A qué estaban esperando? Ahí tenía a los tres conspiradores y lo único que hacían era nada. ¿Por qué? ¿Que estaban tramando?

De pronto, lo supe. Los tenían en la terraza y estaban esperando el amanecer. Por eso las puertas y las persianas cerradas a cal y canto tan pronto, cuando a todos nos gusta disfrutar del cielo estrellado hasta el último momento… El sol no los mataría, pero los debilitaría mucho. A saber si… La Doncella había sido muy poderosa, pero tantos siglos escondida, sin apenas alimentarse, gran parte de su poder había desaparecido; pero lo que quedaba aún era impresionante y terrible.

Kurayami siempre ha afirmado con convicción que este tipo de seres se nutren de la fe y los pensamientos que los otros seres vivos le dirigen. A la Doncella le encantaba devorar almas; así se alimentaba cuando Kurayami fue Venganza. Él y Muerte eran su mano ejecutora; cuando llegaba el momento de cumplir lo pactado, la Doncella les enviaba a arrebatar la vida al inconsciente que le había vendido su alma a cambio de poder y riquezas, otorgadas y conseguidas a costa del sufrimiento de los inocente. Tiranos que cuando les llegaba la hora lloraban y suplicaban. Un cristiano diría que es el mismo diablo, pero os aseguro que no tenía cuernos ni rabo.

Con tanto poder aún en sus manos, ¿no sería capaz de doblegar primero, y matar después, a un Kurayami cogido por sorpresa? Me imaginé terribles conjuros y extraños hechizos invocados por la Doncella y a Kurayami cayendo impotente en su red.

Debía hacer algo pero, ¿qué? ¿Qué podía hacer yo sola contra ellos tres?

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  1. Hola me gusta mucho tu forma de escribir,esteré por a quí seguro un saludo.


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