Diario de Akeru CX

A_mujer_triste_33-1Kurayami abrió los ojos poco a poco. En su boca permanecía el sabor de la sangre de Akeru y se extrañó: no recordaba haberla mordido. En realidad, no recordaba nada desde… la copa que tomó con Aquiles después de la reunión. Quería pedirle explicaciones sobre su comportamiento, saber por qué no le había advertido de lo que estaba haciendo Akeru, y pensaba utilizar todo su poder para sacarle la verdad porque no lo veía claro. Hacía tiempo que sobre el griego notaba una especie de bruma lechosa cada vez que intentaba penetrar su pensamiento. Por eso, cuando todos se fueron, le pidió que se quedase. Y de repente recordó lo sucedido.

Aquiles sirvió dos vasos de whisky de la misma botella y le ofreció uno a Kurayami. Bebió un largo trago, saboreándolo, y se sentó en uno de los sillones.

-Tu dirás, Kurayami- le dijo mientras hacía girar el vaso sobre sí mismo entre sus manos.

-¿Por qué no me advertiste de lo que pretendía Akeru?

-Porque no creí que fuese importante ni necesario.

-En lo que se refiere a ella, soy yo quien ha de decidir lo que es importante y lo que no.

-Vaya, ¿te estas volviendo humano? No pensé que fueses su dueño. Que yo sepa, Akeru es libre de hacer lo que le venga en gana.

-Y hace lo que quiere; pero sabes perfectamente que debo ser informado de sus movimientos.

-¿Qué ocurre, amigo? ¿De qué quieres protegerla?

Kurayamii se bebió el whisky del baso de un trago y observó a Aquiles. No podía confiar en él. Esa nube que oscurecía su pensamiento estaba ahí y no era capaz de penetrarla. Ni siquiera hubiera aceptado el whisky que le ofreció si no se hubiese servido de la misma botella…

-Eso es asunto mío.

De pronto notó que las fuerzas le fallaban. Su cuerpo se volvió pesado; el vaso se le cayó de las manos y él mismo hubiese ido a estrellarse contra la alfombra si Aquiles no le hubiese sostenido.

-¿Que?- intentó hablar pero ni siquiera la lengua le respondía. A fin de cuentas, el jodido whisky llevaba algo.

-Tranquilo, padre- le susurró Aquiles al oído-. Alguien quiere hablar contigo.

Ese “padre” le retorció las entrañas. La rabia y el odio que destilaban cada una de las letras escupidas se le clavaron como agujas en el corazón. ¿Por qué?¿Por qué?

Aquiles le sentó en el sillón que había ocupado hasta hacía unos segundos, lo giró hasta encararlo contra la pared y se agachó a su lado.

-Fíjate bien porque por ahí aparecerá alguien que tiene muchas ganas de verte…

En la pared empezó a abrirse una puerta mágica, una grieta gris plateada muy brillante que fue ensanchandose hasta ser lo suficientemente grande para que Ekaterina la cruzase llevando a un Hikarí inconsciente en sus brazos. Detrás de ella, cruzó la Doncella.

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