Diario de Akeru CXV

francofontanaEn cuanto Kurayami me sacó de la terraza nevada empecé a gritar y debatirme. Quise escapar, aunque no se de que. Tuvieron que ayudarle para impedirme salir a la mañana, pero no lo consiguieron. Me escapé de entre sus brazos y salí a la terraza iluminada por el sol. Recuerdo el grito de horror que salido de su garganta mientras yo me encaramaba por la enredadera primero y la pared después hasta llegar a lo alto del edificio.

-La has perdido- le dijo Aquiles, sentado en el suelo y con la cara amoratada por los golpes recibidos de los puños de Kurayami-. Akeru ya no existe. Se bebió toda la sangre de la Doncella y ahí es donde radica su poder. La Doncella expulsará su alma y se apoderará de su cuerpo -se rió, con una risa carente de alegría-. La próxima vez que la veas, ya no será tu amor, ja ja ja ja. Así que no importa donde me encierres, porque ella me encontrará y me liberará…

Tardé en recordar lo que había hecho durante los dos días que estuve desaparecida. Había vagas sensaciones que tardé en saber que eran reales y no soñadas: el calor del sol sobre mi piel, el frescor de la nieve en mis pies, el hambre golpeándome el alma y no ser capaz de saciarla…

Desperté en el ático de Kurayami dos días después, sucia, cansada y aturdida. Al principio no reconocí el lugar, pero olí su aroma y lo identifiqué en seguida: había estado durmiendo abrazada a su ropa, aferrándome a él con cuerpo y alma.

No tenía ninguna señal de los efectos del sol sobre mi cuerpo, ni de las bajas temperaturas, a pesar de haber andado por ahí practicamente desnuda, tal y como estaba en la terraza cuando…

Kurayami.

No recordaba qué había sucedido después de atacar la Doncella y clavarle los colmillos. No lo recordaba. Me levanté de la cama de un salto y fui directa al telefono más cercano, el del comedor. Marqué el número del movil de Kurayami con las manos temblandome de miedo, con un montón de terribles imágenes en mi mente. Cuando oí su voz las fuerzas me abandonaron, me dejé caer al suelo y empecé a llorar con el auricular en la oreja. Solo pude decir una frase, entre hipos y lágrimas de alegría:

-Ven a buscarme, por favor…

Oí su voz hablandome a través del aparato pero se me cayó de las manos y no fui capaz de recogerlo. Me dejé caer de lado sobre la moqueta, acurrucada en posición fetal, sin ser capaz de dejar de llorar, mirandome las manos sucias de sangre seca, sudor y tierra. Así me encontraron cuando, diez minutos más tarde, aparecieron Kurayami, Hikarí y Vlad.

Kurayami no lo dudó ni un instante. Me abrazó con fuerza y yo me acurruqué en su pecho, tremendamente aliviada al verle, al verles, y saber así que todo había terminado bien.
-Mi amor- me dijo-. Creí que te había perdido.

Rodeé su cintura con mis brazos y volví ahundir mi cara en su pecho, buscando su consuelo.

-Me perdí- le dije sin saber bien lo que decía-, pero tu me encontraste.

No creo que entendiese a qué me refería, pero no me importó. Dormir aferrada a su ropa fue como un ancla que me mantuvo en este lado de la cordura, ahora lo se, pero entonces aún no lo sabía. No sabía lo cerca que había estado de darle la razón a Aquiles.

Me llevó en brazos hasta el baño y me lavó como si fuese una niña pequeña; después me metió en la cama para que durmiera y descansara. Yo no tenía sueño, pero acepté sus mimos y por una vez hice lo que me pedía sin protestar. Cuando salió de la habitación yo agucé el oído y les oí hablar.

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