El juicio de Dungara – Rudyard Kipling

Ved al pálido mártir con su túnica

con­vertida en llamas.

Todavía se refiere esto en las espesuras de la montaña de Berbulda, y india-41para corroborar su narra­ción, señálase lo que aún queda en pie de la misión: una casa sin techo y sin ventanas. El Gran Dios Dungara, el Dios de las Cosas tales como son, el Terrible, el de Un solo ojo, el que tiene en su poder el Colmillo del Elefante robo, el propio Dungara fue autor de todo esto. El que no crea en Dungara será destrozado por la furia de Yat, por esa misma lo­cura que se apodero de los hijos y de las hijas de los Buria Kol cuando volvieron las espaldas a Dungara y vistieron su desnudez. Así lo dice Athon Daze, Sacerdote Supremo del Santuario y Custodio del Colmillo perteneciente al Elefante rojo. Pero si preguntáis al Subdelegado y Agente a cuyo cargo corren los Buria Kol, se reirá sin duda, no por es­píritu de malevolencia contra la obra de las misiones, sino porque él mismo vio la venganza de Dungara ejecutada en los hijos espirituales del Reve­rendo Justo Krenk, Pastor de la Misión de Tubinga, y de Lotta, la virtuosa compañera del misionero.

Si hubo algún hombre que mereciera ser tratado afectuosamente por los Dioses, ese hombre fue sin duda el Reverendo Justo, de Heidelberg, hombre generoso que sintiéndose llamado a desempeñar una misión religiosa, se fue a la espesura de la selva llevando consigo a Lotta, la rubia de ojos azules.

-Nosotros a estos hombres oscurecidos ahora por prácticas de idolatría debemos hacer mejores-dijo Justo al comenzar su carrera.-

Sí -añadió con profunda convicción-, ellos serán buenos y con sus propias manos a trabajar aprenderán. Porque todos los buenos cristianos deben trabajar.

Y con un estipendio más modesto que el de un ayudante inglés, de esos que sin estudios teológicos leen textos sagrados a los fieles, Justo Krenk instaló su morada más allá de Kamala y de la garganta de Malair, en la margen opuesta del río Berbulda, casi al pie de la azul colina de Panth, en cuya cima se levanta el templo de Dungara. Como se ve, Krenk había ido al riñón del país de los Buria Kol, hom­bres desnudos, bondadosos, tímidos, desvergonzados y perezosos.¿Conocéis la vida de una de estas misiones excén­tricas? Haced un esfuerzo con la imaginación para representaros una soledad más grande que la de esas estaciones de ínfimo orden a donde os ha enviado el Gobierno; imaginad un aislamiento -que pesa so­bre vuestros párpados desde que despertáis y que os acompaña en todas las tareas cotidianas: no hay ofi­cina de correos; no hay un solo ser de vuestro color con quien hablar; no hay caminos; no hay otros alimentos que los indispensables para no morir de agotamiento, pero ninguno de los que dan gusto al paladar; no hay ser u objeto que os atraiga por su bondad, por su belleza o por su interés. Toda vues­tra vida ha de estar en vosotros mismos y en la gracia divina con que hayáis sido beneficiados.Por las mañanas los conversos, los dudosos y los recalcitrantes encaminarán sus pasos menudos y suaves a la terraza de la misión. La infinita bondad y la in­agotable paciencia del misionero y, sobre todo, la perspicacia más fina, son indispensables, pues su grey tiene a la vez toda la sencillez de la infancia, toda la experiencia de la edad viril y toda la sutileza del salvajismo. Hay que atender a las cien necesidades materiales de la congregación. Pero sobre todo, el misionero deberá estar atento, según el sentido de la responsabilidad que ha contraído ante Dios, pues no le será lícito dejar perdida ninguna simiente espiri­tual en la muchedumbre clamorosa que le rodea. Esta atención a la vida del alma no ha de ser óbice para que el misionero cuide también de la salud temporal de sus ovejas, tarea tanto más difícil cuanto que las tales ovejas se creen poseedoras de secretos terapéu­ticos, y que por otra parte están siempre dispuestas a a reírse en las barbas del misionero que toma dema­siado a lo serio las ideas del salvaje. (más…)

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Si – Rudyard Kipling

Si… Rudyard Kipling

Published in: on 24 diciembre 2007 at 1:56 AM  Dejar un comentario  
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