El Iniciado – Libro I El señor del Tiempo – Louise Cooper

el_iniciadoSe movió de nuevo, esta vez para colocarse delante de él y exhibir el hombro que el amplio escote de su vestido dejaba al descubierto. Un instante después, una mano se apoyó ligeramente sobre su piel, y ella cerró momentáneamente los ojos con la satisfacción de otro pequeño triunfo, de otro paso en la dirección que quería tomar. Advirtió que la mano de Tarod era delgada pero sumamente vigorosa; el anillo que llevaba en el dedo indice captaba la luz nacarada y la multiplicaba, despertando en ella deseos de tocar la piedra. Pero permaneció quieta, inclinando ligeramente la cabeza hacia atrás en muda invitación.

Tarod contempló su esbelta figura, consciente de que en su interior se agitaba una emoción como jamas había sentido hasta ahora. A pesar de su astucia, que ella no había tratado apenas de disimular, Sashka le había impresionado profundamente, y él se sentia cada vez mas impotente contra la oleada de sus propios sentimientos. Una vocecilla interior le decía que fuese precavido, pero se estaba acercando a un punto en que, por ella, mandaría al diablo la prudencia. Estaba totalmente cautivado… y al aproximarse mas a ella y rozar sus cabellos con los labios, comprendió que nunca en su vida había deseado nada con tanta fuerza como deseaba ahora a esta hermosa criatura.

Mas tarde, a Tarod le fue imposible recordar cuanto tiempo habían estado allí, bajo el cielo nocturno, ni lo que habían dicho, ni siquiera lo que él había pensado. Le parecía que había pasado una eternidad hasta el momento en que la condujo lentamente hacia la empinada escalera de caracol que descendía al patio. Al pasar junto a la torre, aquel dedo gigantesco se interpuso delante de las lunas sumiéndoles en una densa sombra. Sashka tropezó y él la asió por la cintura. Ella se volvió. En el l óvalo de su cara apenas si se percibían las facciones, y él la besó con una intensidad que le dejó pasmado. Por un instante, Sashka permaneció inmóvil, como petrificada, y después correspondió al beso con igual apasionamiento, hincando los dedos en el hombro de él, con un deseo casi animal.

Súbitamente, se apartó. Le miró con ojos muy abiertos por la emoción y se echó atrás, acabando de desprenderse suavemente.

-Tengo… que irme… -balbució-. Es tarde, Tarod… ¡Tengo que irme!

Fragmento de El Iniciado, de Louise Cooper.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Hoy, luego de varias madrugadas en el olvido y repleto de tedio; armado de coraje regrese por ti…
    Como veras, hacia atras, a tu costado o donde quieras que sea, el crepuscular clima me acompaña…
    ¡Huele! La fragancia a jazmin rancio recubriendo toda la mansa atmosfera, el semen agrio y putrefacto. La sangre oxidada en los adoquines…
    Ya no eres la misma, siento decirtelo con mi mejor animo: en tu escote no perduran los magullones que lo supieron distinguir, tu boca no mantiene el ocre de aquellas madrugadas cortas, sistematicas y el cuerpo que obra como testigo de tu inercia en este mundo, no padece como antes, tus, mis arrebatos.
    Aun asi y a pesar de toda la mierda que llevamos atragantada, he vuelto por ti. Para liberarme y liberarte de falsas palabras con las que intentan engatuzarte, hechizarte…
    Sabes que puedes creer en mis aventuras y mantenerte erguida sobre ellas sin que nada siquiera te roze.
    No nos traiciones. ¡ENTREGATE!

  2. Querido Marcelo, vuelves después de tanto tiempo, cuando ya casi había olvidado tu aroma y tus provocaciones…

    Regresas vestido de pasión y de palabras. Quizá yo he cambiado, pero tu sigues enamorando con tus palabras, directas y a la vez tan engañosas como solo tu sabes ser…

    Jugando conmigo, como siempre. Un juego que nos divierte a ambos y que ya extrañaba.

    ¿Sabes que te quiero, amigo mio?

    Así es, y aquí dejo constancia de ello.

    Y espero que vuelvas pronto; escribir en un blog no es lo mismo si tu no me provocas.

    Un abrazo y un beso, Marcelo querido, querido MarC

  3. me parecio myu bueno espero que lo lean


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