Momentos V -Final-

abrazadosClaudia se levantó de la cama y dejó caer la almohada al suelo. El hombre la miró aún asustado, encongido sobre sí mismo, y abrazado a sus propias rodillas. ella se acercó y le tendió la mano.

-Ven -le dijo-. No tengas miedo de mi.

¿Cómo no iba a tener miedo? se preguntó el hombre. Ella era como una diosa, un sueño inalcanzable, pero que ahora estaba alli, hablándole a él… Tenía miedo de tocarla. ¿Y si se rompía el hechizo? ¿Y si todo era una quimera provocada por su errática imaginación? No podía tocarla, no podía… Una cosa era adorarla desde los pies de la cama y otra muy distinta abrazar un sueñlo. Se encogió aún más sobre sí mismo.
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Momentos IV

durmiendoLa fresca brisa que entraba por el balcón abierto despertó a Claudia. Aún antes de abrir los ojos supo que la sábana se había resbalado y ya no cubría su cuerpo. Sus pezones se habían puesto duros por el aire que hacía revolotear las cortinas y de su boca surgió un suspiro.

Había estado soñando con el desconocido y se despertaba excitada y húmeda. Se incorporó con pereza buscando la sábana y entonces le vió, una figura inmóvil a los pies de su cama. Se asustó y, de repente, fue muy consciente de su desnudez, que cubrió como pudo con la almohada, arrinconando la espalda contra la cabecera.
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Momentos III

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Lo que había empezado siendo placentero, poco a poco se estaba convirtiendo en una tortura. Verla cada noche en su desnudez mas absoluta, mostrándose a él a través de esa bendita ventana abierta, acariciarse con la toalla, lentamente, alargando el momento solo para él… Y él, maldita piedra pegada a una pared, una gárgola fría y sin vida que sin embargo sentía un corazón palpitar en su pecho, en ese pecho helado resquebrajado por el tiempo, eternamente inmovil, siempre con la mirada fija en esa ventana, su ventana…

Durante el día soñaba que se despegaba del muro, que la sangre caliente fluía por sus venas, que la piedra se tornaba carne y que ese enorme pene que lucia entre sus patas traseras cobraba vida propia…, y que ella lo recibía con entusiasmo, dejándole explorar el bosque hasta entonces inexpugnable de su sexualidad.
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Momentos II

djh0ekf8ab1Estar sola y sentirse sola son dos cosas completamente distintas. Claudia no estaba sola. Tenia padres, tenia hermanos, tenia amigos… incluso tenia un medio novio que a veces se quedaba a dormir con ella. Nada serio, por lo menos de momento, pero ahí estaba, con sus anchos hombros, un buen lugar en el que apoyarse en los malos momentos. Claudia tenia mucha gente a su alrededor, sí.

Y sin embargo se sentía sola. Si le hubieses preguntado no habría sabido explicarte por qué; no había motivo ni razón para tener ese enorme agujero en el estomago que parecía engullir toda la felicidad que era capaz de conseguir, ni para que se le cerrara la garganta cada vez que abría la puerta para entrar en el pequeño apartamento donde vivía. No tenia por qué tener esas extrañas ganas de llorar abrazada a la almohada, deseando algo que no estaba alli y que ni siquiera sabia qué era.

Fue al medico, por supuesto, y cada día se tomaba muy obedientemente los antidepresivos que le recetó, pero no llenaron el vacío que había invadido su alma.

La tristeza se fue apoderando poco a poco de Claudia aunque lograba disimularlo ante los demás riendo mas que nunca; no queria tener que dar explicaciones a nadie, porque tampoco sabría qué decir.

Pero una noche todo cambió.
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Momentos I

en la duchaLa veía cada noche cuando sonaban la hora de la brujas en el campanario y la luna bostezaba de aburrimiento en lo alto del cielo. Cada noche a las doce salia de la ducha con la piel enrojecida por el calor del agua y el pelo envuelto en una toalla. Se secaba metódicamente delante de la ventana abierta, haciendo que cada movimiento fuese un flujo de erotismo constante. Con una suavidad innata seguía el contorno de su cuerpo con la toalla, secando sin frotar, entreteniéndose mas de la cuenta en sus pechos y en su ingle.

Después venia la crema hidratante, todo un ritual para sus ojos y sus sentidos, que extendía lentamente por todo su cuerpo con suaves movimientos circulares, desde su cuello hasta la planta de los pies.

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