L’ULL D’HORUS

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Vilanova estava de festa. El Carnaval havia començat i tota la ciutat bullia enfebrada d’alegria. El rei Carnestoltes havia arribat el divendres i amb ell, la disbauxa. Els carrers, engalanats amb tota mena de penjolls alegres i divertits, competien per endur-se el primer premi del concurs que les Associacions de Veïns convocaven cada any. Els balcons, plens de serpentines i mantons de Manila penjats a les baranes, adquirien vida pròpia com si fossin éssers sorgits d’una antiga llegenda.

El dissabte a la nit la ciutat s’omplia de gent disfressada que voltava pels carrers i s’ajuntava als diferents envelats a on ballaven fins que sortia el sol. Molta gent de fora visitava Vilanova aquella nit per divertir-se i es quedaven fins l’endemà per veure les comparses i les batalles de caramels, un espectacle impressionant i molt, molt dolç.

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L’home va deixar-se caure de dalt del mur de pedra i es va quedar quiet, assegut sobre l’acera i amb l’ampolla de cervesa a la mà. Estava buida però va fer com si begués un bon glop mentre mirava al seu voltant. A les dues de la matinada, la plaça de l’estació estava plena de gom a gom, igual que el carrer del Forn del Vidre i la resta de Vilanova, però ningú va semblar adonar-se de la seva aparició des de l’interior del jardí del museu Víctor Balaguer.

Va somriure des de sota la màscara que li tapava la cara, va deixar l’ampolla buida allà a terra mateix i es va aixecar. Va caminar recolzant-se a la paret, com si anés ben borratxo, xocant amb alguns dels mascarots, i va enfilar cap a la Rambla. Era dissabte de Carnaval i el més normal del món era anar disfressat i completament begut.

La disfressa que portava no era res de l’altre món. Uns pantalons i una camisa negres, botes altes amb esperons, un floret de plàstic a la cintura i una capa també negre que li arribava fins als peus. Al cap, un barret andalús amb una gran Z de color vermell.

L’home estava content. Va posar-se la mà al pit i va tocar el bony que feia allò que havia aconseguit robar a dins del museu, una cosa petita embolcallada amb un drap de seda i que s’havia enganxat a la pell amb cinta aïllant. No havia estat fàcil, però tampoc gaire difícil. Ara només quedava portar-li al Cavaller i la seva tasca s’hauria acabat.

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TIC-TAC O EL SUEÑO DE UN RELOJ DE ESTACION

Lo colocaron allí durante el verano del 56 porque el anterior había acabado estropeándose irremisiblemente después de tantos años de funcionamiento regular y perfecto. Era un reloj sencillo de formas, circular, de grandes números negros que contrastaban con la esfera blanca sobre la que iban girando sus manecillas indicando la hora y los minutos día tras día.

Fue feliz el día que los operarios lo colocaron sobre la puerta de la estación de trenes, colgado de la pared mirando siempre hacia los andenes y las vías, porque se abrió ante sus ojos un mundo nuevo de gentes cambiantes que se movían pasando por debajo de él, caminando, corriendo, cantando, llorando, riendo; y porque todos, en un momento u otro, acababan mirándolo.

Era un reloj sencillo, de una estación sencilla, en un pueblo de gentes sencillas. Hasta él no llegaron las noticias de las revoluciones estudiantiles que sacudieron otros países, no supo nunca de las manifestaciones multitudinarias de las grandes ciudades, del nacimiento o muerte de personajes importantes, de los cambios políticos. Era un simple reloj que se limitaba a señalar la hora a las personas que, impacientes, esperaban la llegada del tren.

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REBELION EN EL BAÑO

—¡No lo soporto más!— exclamó agriamente la esponja cuando el dueño de la casa salió del baño cerrando la puerta a su espalda.

—¿Qué es lo que no soportas, bonita?— preguntó la bañera con un ligero retintín mientras miraba con disgusto mal disimulado el lamentable estado en que había quedado después de la ducha matutina del amo.

—¡Que no me limpie después de usarme! ¡Eso es lo que ya no soporto! ¡Siempre igual! ¡Cada mañana lo mismo! Me estropearé en cuatro días y ¡hala! a la basura. Claro, qué le importa a un estúpido humano la triste y miserable vida de una simple esponja…— y sollozó al decirlo.

La bañera se apiadó de la pobre esponja y aunque la fastidiaba un poco porque todo el día estaba encima de ella, escurriéndose en uno de sus rincones, intentó consolarla.

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Published in: on 2 marzo 2010 at 5:43 PM  Comments (1)  
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LA LOCURA DE PASIFAE

Poseidón no es un dios benévolo. ¿Por qué iba a serlo? Ninguno lo es. Todos son mezquinos, manipuladores, vengativos, injustos… Su ira no tiene límites y su egoísmo es absoluto. Nunca pude saber en qué pensaba el rey Minos cuando le desafió, pero desde luego no creo que tuviera la mente muy clara.

Todo empezó con un regalo, algo inofensivo y que debería haber sido fuente de alegría; pero los regalos divinos siempre tienen dos filos, como las espadas, y si no estas acostumbrado a manejarlas acabas cortándote. En este caso, traen la desgracia a todo un pueblo. ¡Qué los hados nos libren de estos presentes!

El toro que surgió de las aguas en la playa mas cercana al palacio de Cnosos era hermoso, eso nadie lo pone en duda, pero ¿tanto como para que Minos se negara a su sacrificio? Se acercaba la época del año en que se celebraban las fiestas en honor de Poseidón cuando los sacerdotes del dios del mar presenciaron el prodigio, un enorme animal de un blanco inmaculado, cuernos afilados y pisada firme salió de las aguas resollando y se inclinó ante los sacerdotes, demasiado aterrorizados para salir corriendo. Eso es lo que dicen que sucedió en aquella playa, aunque yo no puedo asegurarlo porque no estaba allí.

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EL SUEÑO DE GANIMEDES

Según las leyendas, Ganímedes era un niño de 11 o 12 años cuando fue raptado por Zeus mientras vigilaba el rebaño de  ovejas  de su padre, el rey  Tros (del que derivó el nombre de Troya). No puedo escribir un relato romántico con leves pinceladas de erotismo protagonizado por un niño por razones obvias, así que he decidido hacerle crecer unos cuantos años. Esta licencia que me he tomado  deriva en un pequeño problema: un muchacho de 17 años era  considerado un hombre y  no podía estar cuidando un rebaño de ovejas, mucho menos siendo hijo de un rey, así que pensé en  convertirlo en un joven guerrero; pero, ¿qué joven guerrero iba a ser feliz siendo obligado a trabajar como copero, aunque fuese del rey de los dioses?

He transformado a Ganímedes en un joven poeta, mas amante de la naturaleza y la belleza que de las armas y la guerra. Perdonad mi atrevimiento.

Ganímedes estaba realmente cansado de esta estúpida situación. Desde que las musas se habían enfadado con él por haber coqueteado con Apolo, la inspiración rehuía su ingenio y no era capaz de escribir dos versos rimados decentemente. A Zeus le gustaban sus poesías y eso era lo único que les mantenía unidos desde que Padre Trueno decidió abandonar su lecho –a causa de la celosa Hera, seguro–. Sin versos ni amor, lo único que quedaba era el copero y la ambrosía servida y Zeus ni siquiera lo miraba cuando le llenaba la copa durante los banquetes.

Qué asco de inmortalidad, pensó. Era uno de los inconvenientes que presentaba: lo único que duraba para siempre era la vida; lo demás, todo lo demás, era finito. Hasta las montañas conseguían desaparecer si les dabas el tiempo suficiente, borradas por la erosión del viento y la lluvia. Así se sentía Ganímedes cuando la tristeza se apoderaba de su ánimo, completamente excluido de la historia de la vida, ausente de los recuerdos, como un fantasma incorpóreo que ya no tiene derecho a caminar entre los vivos. Miraba hacia su futuro y lo único que veía ante él era el interminable discurrir de los días en su eterna monotonía, prisionero de su destino y cautivo entre los barrotes dorados de la cárcel en que se había convertido el Olimpo para él.

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Diario de Akeru – Final

antilopeDespacio, de una forma casi imperceptible, la normalidad se va apoderando de nuestras vidas; aunque hablar de normalidad refiriendome a vampiros parece una incongruencia.

Con Kurayami casi recuperado, le tocó el turno a Hikarí de ser el objeto de nuestras atenciones. Le arropamos en nuestro abrazo, le mimamos hasta la pesadez y poco a poco sus ojos recuperaron el brillo perdido. Vuelve a ser como antes y aunque las cicatrices le han endurecido el alma, no permite que le amarguen la existencia.

En cuanto a mi…

Muchas cosas han cambiado para mi desde que bebí la sangre de la Doncella. Aquiles tenía razón en una cosa: intentó echar mi alma y apoderarse de mi cuerpo.

Al principio no recordé lo ocurrido durante los dos dias que estuve desaparecida pero poco a poco los recuerdos volvieron. La pelea que tuvimos fue de las que se denominan épicas, y el campo de batalla fue mi cuerpo. Su alma intentó apoderarse de mi mente y ramificarse, extender sus tentáculos hasta doblegarme a su voluntad. Intenté luchar pero su fuerza me superaba y me desesperé. Pensé en Kurayami, en lo que sentiría si permitía que la Doncella ganase esta batalla; en mi amor, acurrucado entre estos brazos que ya no serían mis brazos; ¿se daría cuenta del engaño? Supongo que sí, quiero creer que si, y me imaginé lo que sentiría al ver, en los ojos que mas ama, reflejados al ser que mas odia… Tomé la decisión, arriesgar el todo por el todo, y acepté el poder que me ofrecía la sangre de la doncella, para usarlo en su contra justo en el momento que ella creía haber ganado.

No me pregunteis cómo lo hice, porque no lo se. Gané y la expulsé, eso es lo que importa y ya no queda nada de ella en mi, excepto…

Excepto que algunas cosas han cambiado.

Sigo siendo Akeru, de eso no hay duda, y mi comportamiento errático, impulsivo e impredecible no ha variado: sigo igual de inmadura. Pero mis capacidades como vampiro han aumentado.

El sol ya no me quema. Puedo asomarme al día, pasear como un ser humano normal y dejar que el sol caliente mi piel sin temer al dolor, porque no hay dolor. La magia en mi ha aumentado; cosas que antes me costaba hacerlas ahora las consigo sin siquiera pensar en ellas, y otras que eran inimaginables para mi, se están convirtiendo en rutina.

Aún no he hablado de ello con Kurayami, aunque no es tonto y se que se ha dado cuenta que algo ha cambiado. Debería decírselo, no perder más tiempo porque hacer las cosas a sus espaldas no nos ha traido nada bueno, pero tengo miedo. Algo de la Doncella se ha quedado dentro de mi y temo que eso haga que nuestra relación cambie. ¿Y si deja de confiar en mi?
Que estupidez, tal y como lo he escrito me he dado cuenta de mi error. Si le oculto la verdad será cuando empezará a desconfiar, así que hablaré con él hoy mismo.

Nos queremos demasiado para permitirme el lujo de estropear algo tan maravilloso por una idiotez. Se lo contaré, me abrazará, me besará y me dirá: “No te preocupes, todo irá bien.”

Todo irá bien.

Por supuesto.

Diario de Akeru CXVIX

francofontanaLa tristeza de Kurayami fue pasando poco a poco, a base de mimos y te quieros. Una mañana me desperté inquieta y no estaba en la cama, a mi lado. Oí la voz de una mujer que provenía del comedor y la identifiqué enseguida: era Marlene Dietrich en “Testigo de Cargo”. Me levanté. Kurayami estaba sentado viendo la tele cuando me oyó llegar, levantó la mano, ofreciéndomela, sin mirarme. La cogí y me senté en el brazo del sillón, a su lado.

-¿Por qué nos traicionan siempre las personas que más amamos?-me preguntó.

Por un momento estuve a punto de echarme a llorar. Yo era quien más le amaba, y jamás le traicionaria. Estuve apunto de decirle eso, pero no era adecuado. Al pronunciar esa frase, Kurayami no se refería a mi.

-No lo se. Quizá porque la confianza da asco-, intenté bromear, pero mi respuesta sonó bastante absurda.
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Diario de Akeru CXVIII

2-cr-desnudo-bajo-la-lluviaHikarí.

Sus ojos siempre han sido hermosos y alegres como una fiesta de cumpleaños con muchos globos y un gran pastel; el pastel ha desaparecido y los globos han reventado. Y no me extraña, despues de lo ocurrido.. Ekaterina es su madre, la que le transformó, y ese vínculo es demasiado doloroso cuando la traición anda de por medio.

Hikarí sorprendió una conversación entre Ekterina y Aquiles y ellos le sorprendieron a él. Lo mantuvieron drogado y encerrado durante todo el tiempo que le estuve buscando, no sabiendo muy bien qué hacer con él; y aunque el verse descubiertos les hizo precipitarse en sus planes, eso no hace que Hikarí se sienta menos inútil e impotente que Kurayami.

Que dos.

Si fuesen chicas, sería normal que se sintiesen aliviadas y contentas de haber sido savladas y no culpables por no haber sido capaces de protegerse a sí mismos. Pero como son dos machos, se sienten estúpidos e inútiles por haber dependido de mi. Quizá debería decirles que al fin y al cabo soy la protagonista de esta historia y lo logico es que yo sea la heroína, ¿no?

Diario de Akeru CXVII

reflejos en el espejoUna semana después, Aquiles y Ekaterina fueron juzgados. Su principal delito: haber intentado destruir a Kurayami, el Primer Vampiro y padre de todos ellos. Los jueces fueron los seis vampiros restantes que junto con Aquiles, eran nombrados los Siete: Lubos, Svenson, Klavdiya , Gredel, Domhnal y Bayaarma.

Fueron narrados los hechos por los testigos -Hikarí, Kurayami, Vlad, Yasu y yo misma- y escuchados sus motivos, que se redujeron a lo de siempre: ambición y sed de poder por parte de Aquiles; venganza y celos por parte de Ekaterina. Me hubiera gustado que por lo menos en eso hubiesen sido originales, pero no fue así.

Aquiles quería dominar el mundo, algo tan patético como eso. Un malo de serie B, maquilador de complejas conspiraciones; absurdo y penoso. Ekaterina… Bueno, ella fue fiel a su naturaleza egoísta y posesiva: si Kurayami no podía ser suyo, no iba a ser de nadie. Nunca ha llegado a comprender lo más fundamental en una relación: no hay dueños, nadie le pertenece a nadie. Cuantas más ataduras y cadenas pones a tu pareja, más la alejas de ti. Si quieres a alguien de verdad pero ha decidido partir de tu lado, lo mejor es dejarle marchar, lamer tus heridas y dejar que pase el tiempo, porque lo cura todo. Y si algo nos sobra a los vampiros, es tiempo ¿no?
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Diario de Akeru CXVI

mujer de espaldas-¿Estas completamente seguro que es Akeru?- preguntó Vlad.

Que burrada, pensé yo. ¿Quien iba a ser sino? ¿Por qué preguntaba eso?

-Sí- fue la lacónica respuesta de Kurayami.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?- insitió Vlad.

Uuuuh, que pesao…

-Escucha, agradezco lo que hiciste por nosotros. He contraido una gran deuda contigo y con Yasu, y te aseguro que no lo olvidaré, pero no tienes derecho a…

-La quiero.

La confesión de Vlad me dejó de piedra durante un instante, hasta que vino la aclaración. Claro que me hubiese encantado ver la cara de Kurayami en ese momento, pero tuve que conformarme con su respingo.

-Es la única amiga que tengo. Desde que metí la pata con Stoker, que la mayoría me habeis tratado como a un apestado. Excepto ella. Por eso quiero estar seguro que es Akeru y no esa.. Dama… porque no soportaría…

-Es ella, te lo aseguro.
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