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Me pillo unas vacaciones de este blog. Serán temporales, pero durarán, probablemente, todo el verano. Escoger entre pasar los pocos ratos que tengo libres pegada al ordenador en casa, o irme a la playa a disfrutar del verano, creo que la elección, por lo menos para mi, es obvia. Así que nos veremos el próximo octubre.
Un beso y hasta octubre.
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SEGUNDA PARTE – EL PAÍS DE LOS SANTOS
CAPÍTULO I – En la gran llanura de Alcali
En la parte central del gran continente norteamericano existe un desierto árido y repulsivo, que sirvió durante muchísimos años de barrera opuesta al avance de la civilización. Desde la Sierra Nevada hasta Nebraska, y desde el río Yeilowstone, en el Norte, hasta el Colorado, en el Sur, se extiende una región en que todo es desolación y silencio. Pero la Naturaleza no se presenta del mismo humor en toda esa ceñuda zona.
Ésta abarca altas montañas, coronadas de nieve, y valles tenebrosos y lúgubres. Hay ríos de rápida corriente que se precipitan por dentados cañones; y llanuras enormes, que se blanquean de nieve en invierno, y que se agrisan en verano con el polvo salino del álcali. Pero todo ello tiene como características comunes la aridez, lo inhóspito, lo mezquino.
No hay nadie que habite esta región de la desesperanza. De cuando en cuando cruza por ella alguna partida de pawnees o de píesnegros en busca de nuevos cazadores; pero basta los más sufridos de entre los valientes se alegran de perder de vista aquellas espantosas llanuras y de volver a pisar la región de las praderas. El coyote acecha entre los matorrales; pasa el busardo aleteando torpón por los aires, y el desgarbado oso gris camina pesadamente por los os-curos barrancos buscando como puede el sustento entre las rocas. No tiene otros habitantes aquel desierto. (más…)
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” Ah de la vida!”… «Nadie me responde?
Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.
Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
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CAPÍTULO VII
Una luz en la oscuridad
La noticia con que nos saludaba Lestrade era de tal importancia y tan inesperada, que los tres nos quedamos sin habla. Gregson saltó de su sillón, volcando el vaso con lo que aún quedaba en el mismo de whisky y de agua. Yo miré en silencio a Sherlock Holmes, que apretaba los labios y contraía las cejas medio cerrando los ojos.
—¡También Stangerson! .—masculló—–. La intriga se hace cada vez más oscura.
—Ya lo era bastante sin esto —gruñó Lestrade, echando mano a una silla—. Por lo que veo, he caído en algo así como un consejo de guerra.
—¿Está usted…, está usted seguro de esa noticia? —tartamudeó Gregson.
—Vengo directamente de su habitación —dijo Lestrade—, y fui yo el primero en descubrir lo que había ocurrido.
—Gregson nos había estado exponiendo su punto de vista del problema —hizo notar Holmes—. ¿Tendría usted inconveniente en relatarnos lo que usted ha visto y ha hecho?
—No tengo inconveniente —contestó Lestrade, sentándose—. Confieso con franqueza que yo opinaba que Stangerson tenía algo que ver en la muerte de Drebber. Este nuevo giro que han tomado las cosas me ha venido a demostrar que estaba en un completo error. Poseído por completo de esa única idea, me puse a la tarea de averiguar el paradero del secretario, Habían sido vistos juntos en la estación de Euston. a eso de las ocho y media, la noche del día tres. Drebber fue encontrado en la carretera de Brixton a las dos de la madrugada. La cuestión que se me planteaba era la de descubrir en qué había pasado su tiempo Stangerson entre las ocho treinta y la hora del crimen, y qué había sido de él después de esa hora. Telegrafié a Liverpool dándoles una descripción de nuestro hombre y ordenándoles que vigilasen los barcos norteamericanos. Acto continuo me puse a la tarea de visitar todos los hoteles y pensiones de las proximidades de Euston. Yo razonaba de este modo: si Drebber y su compañero se han separado, lo natural es que este último se hospede en los alrededores para pasar la noche y que a la mañana siguiente merodee por la estación.
—Lo probable era que se hubiesen dado cita de antemano en un lugar concreto —hizo notar Holmes. (más…)
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Desde el tiempo en que en nuestra historia de Los Tres Mosqueteros, dejamos a Artagnan en la calle de Fosseyeurs, número 12, habían pasado muchas cosas y sobre todo muchos años.
Artagnan no había faltado a las circunstancias, pero las circunstancias le habían faltado a él. Mientras estuvo rodeado de sus amigos, vivió en medio de los encantos de la juventud y de la poesía, pues tenía uno de esos caracteres despejados e impresionables que se asimilaban fácilmente las cualidades de los demás. Athos le comunicaba su grandeza, Porthos su verbosidad, Aramis su elegancia. Si Artagnan hubiese seguido su trato con estos tres hombres, habría llegado a ser un hombre de provecho. Athos fue el primero que le dejó para irse a las tierras que heredara junto a Blois. En seguida le abandonó Porthos para casarse con su procuradora; y, por último, Aramis para recibir las órdenes y hacerse clérigo. Desde entonces Artagnan, que parecía haber confundido su porvenir con el de sus tres amigos, se encontró aislado y se sintió débil y sin valor para seguir una carrera en la que conocía que no podía llegar a ser gran cosa, sino a condición de que cada uno de sus amigos le cediese una parte del fluido eléctrico que del cielo hubiese recibido.
De modo que cuando Artagnan alcanzó el empleo de teniente de mosqueteros, su aislamiento no por eso fue menor. Ni era de tan elevado nacimiento como Athos para frecuentar las casas de los ilustres, ni tan vanidoso como Porthos para hacer creer que se rozaba con la alta sociedad, ni tan buen mozo como Aramis para conservar siempre una elegancia natural, propia de la persona. Por algún tiempo el dulce y tierno recuerdo de la señora Bonacieux revistió el ánimo del joven teniente de cierta poesía; pero este recuerdo caducó como el de todas las cosas del mundo; se había ido borrando poco a poco: la vida del soldado en guarnición es fatal aun para las organizaciones distinguidas. De las dos naturalezas opuestas que formaban la individualidad de Artagnan, la naturaleza material había ido adquiriendo insensiblemente su dominio sobre la espiritual; siempre de guarnición, siempre en el campamento y siempre a caballo, había llegado a ser lo que se llama un perdido.
No es esto decir que Artagnan hubiera perdido su delicadeza primitiva; al contrario, esa delicadeza se aumentó más y más, o al menos parecía doblemente realzada bajo una apariencia algo más tosca; más aplicada a las cosas pequeñas de la vida y no a las grandes, al bienestar material, al bienestar tal como los militares lo entienden, es decir, a tener buena cama, buena mesa, y excelente patrona.
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Estimad@s amig@s,
El gobierno peruano ha aprobado un paquete legislativo que da permiso a grandes compañías extractivas y agro-industriales para explotar los recursos naturales de la selva amazónica, contribuyendo así a su rápida destrucción.
Durante meses, los pueblos indígenas han demandado pacíficamente su derecho a ser consultados en relación a unos decretos que acelerarán la devastación de la ecología del Amazonas y de su gente, con nefastas consecuencias para el clima global. Pero la semana pasada el Presidente del Perú respondió enviando fuerzas especiales para reprimir las cada vez más radicalizadas protestas, etiquetando a los manifestantes de terroristas.
Estos grupos indígenas son parte de la vanguardia en la lucha por la protección de nuestro planeta: sumémonos a ellos e instemos al Presidente Alan García (ampliamente conocido por su afán de mantener una buena reputación internacional) a que detenga inmediatamente la violencia y abra canales de diálogo adecuados. Cliquea abajo para firmar esta urgente petición global y destacados aliados políticos de Avaaz en la región la entregarán en nuestro nombre:
http://www.avaaz.org/es/peru_stop_violence
Más del 70% de la Amazonía peruana se encuentra a merced de la sobreexplotación comercial. Multinacionales petroleras y de hidrocarburos, como la anglo-francesa Perenco y las norteamericanas ConocoPhillips y Talisma Energy, ya han comprometido inversiones billonarias en la región. Estos sectores cuentan con un paupérrimo historial en lo que concierne a su contribución al desarrollo local y la preservación del medioambiente en países en desarrollo. Es por ello que los indígenas reclaman su derecho, reconocido internacionalmente, a ser consultados antes de la aprobación de cualquier nueva legislación que les afecte.
Durante décadas, los pueblos indígenas han sido testigos de cómo las industrias extractivas devastaban las selvas, hogar de muchos y un tesoro indispensable para todos (algunos científicos y expertos del clima describen al Amazonas como “el pulmón del planeta”, que absorbe las emisiones de carbón causantes del calentamiento global a la vez que produce oxígeno).
Esta nueva ola de protestas en Perú es de vital importancia; no podemos permitir un fracaso. Firma la petición, y alienta a tus amigos y familiares a que se unan ellos también, para poder traer justicia a los pueblos indígenas del Perú, proteger la Amazonía y evitar nuevos actos de violencia por ambas partes.
http://www.avaaz.org/es/peru_stop_violence
En solidaridad,
Luis, Paula, Alice, Ricken, Graziela, Ben, Brett, Iain, Pascal, Raj, Taren y todo el equipo de Avaaz.
Más información:
http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/06/090607_2223_peru_tension_mf.shtml
http://www.globalwitness.org/media_library_detail.php/765/es/condena_masacre_peru_8_junio_2009
http://www.avaaz.org/indigenas_peru_2
http://www.survival.es/noticias/4643
http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=89545

ACERCA DE AVAAZ
Avaaz es una organización independiente y sin fines de lucro cuya misión es asegurar que los valores y opiniones de la mayoría de la gente sean tomados en cuenta en las políticas que nos gobiernan. “Avaaz” significa “voz” en varios idiomas asiáticos y europeos. Avaaz no acepta dinero de gobiernos ni de empresas y su equipo esta basado en oficinas en Ottawa, Londres, Río de Janeiro, Nueva York, Buenos Aires, Washington DC y Ginebra.
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I -
Ahora que estoy borracho me doy cuenta de porque hace tiempo que ya no escribía! Mi vida sin bacus era teriblemente aburrida. Mi madre en mi pubertá se preocupaba por mi. Me creía algo subnormal. Aprendia todo a la perfeccion, pero me comia cualquier libro como si fuera un plato frio y soso, solo por hambre. Mas tarde estubo segura de que sí lo estaba, porque solo con las primeras borracheras empecé a cojerle gusto a la vida.
Aparte de que he perdido mi musa. Es un ser cyebrnetico que he perdido desde que ya no tengo facil aceso a la red. Hada hermosa y siniestra, vampiro dada que chupa de mis letras provocativas e inutiles, criatura hecha de fibra optica y cuchillas de afeitar.
II-
Era un deciembre jodidamente frio. En un gesto de amor invernal Dios se habia corrido encima de la ciudad. Pero es sabido que el hombre no tiene respeto por el amor de su criador. Todas las calles eran enguarradas por una pota gris hecha de nieve y esmog. Y pantanos de nieve derritida que se mezclaba al agua que brotaba de las cloacas.
14 años. Billy esperaba la llamada sentado en el camastro de su celda. La mirada fija en la pared mirando a la nada. El roncar de su compañero le llevaba a un trance de recuerdos, los recuerdos de su padre, el fantasma, taladrandole el cerebro. El padre que tubo la genial idea de acsusarlo de criminal para alejarlo de su vida. La nada atraviesaba su cerebro y su cuerpo como si fuera un muelle tenido bajo presion.
Pasos.
Llaves.
Cerrojo.
5446 pongase en pies!
Cara a la pared del fondo!
Desnudese!
90º!
Hoy es mañana. Mañana es ayer.
Ya no. Recorrió los pasillos de barrotes con una emocion indescribible. Impaciancia? Porfin fuera.
Ahí estaba el cabron. Se habia maquillado de una sonrisa paternal que exprasaba su perdon. Los brazos abiertos esperando su abrazo. Ven aquí pequeño. Como has crecido! Tienes todo mi perdon. Estoy ilumnado por una luz como en la television. Te llevaré a casa para que crezcas fuerte y con los buenos enseñamentos que tu abuelo, mi padre, me dió.
Billy lo miró con una sonrisa ambigua, siniestra. Corrió hacia él para abrazarlo y cuando finalmente pudo reconocer su olor vomitivo deslizó el pincho del mango de la chaqueta, se lo clavó en la juglar y hechó a correr.
Nunca mas pudieron cojerle.
III -
Un dia de sol, de floraciones y de nubes beaudelairianas, apareció Naruto. En la casa donde Billy vivía, había teles, ordenadores, cocinas y neveras, consolas, herramientas de todos tipos, equipos de música… Naruto había nacido en Roma y crecido en Madrid, había nacido en Vitoria, había nacido en Bombay y crecido en Londres, de padre nazi asesinado y madre francesa, de padre terrorista, de padres desconocidos…. Había recorrido el mundo, era un ninja, era un hacker, era experto en armas y había pasado las fronteras de media Europa con cargas de sustancias ilegales. Tocó con grupos famosos y participó en atracos y atentados, escaló montañas, navegó en pateras, rodó peliculas y combatió en guerrilas. Pero, sobre todo, vivía en una chabola ahí cerca, marginado y despreocupado. Su keli estaba amueblada únicamente por un colchón, una minicadena y un gato.
A Billy le pareció genial poder conocer a una persona con tanta historia. Era entrañable y deseaba hacer amistades. Los otros de la casa se pasaban los días escuchando discos, mirando la tele o naufragando en la red. Billy se entretenía bebiendo birras y escuchando la incesante habla anfetaminosa de Naruto, que empezó a pasarse todos los días.
Florecieron los candados en las puertas de las habitaciones. Billy no paraba de poner parches a la mala imagen de Naruto, el duende garrapata, ya que los colegas no estaban del todo contentos con su presencia en la casa.
Una noche llegó lo inevitable para cualquier casa ocupada: puerta abajo, gritos y uniformes por doquier. Tuvieron la suerte de poder recoger todas sus pertenencias, pero no sabían dónde llevarlas y pasaron unas horas en la calle, con todos los cacharros sembrados por la acera. Por fin, Naruto tuvo la oportunidad de ganarse el respeto de todos. Su chabola se llenó de diez mil trastos. Cocina con bombona llena, microondas, radiales, nevera repleta de comida hasta reventar, ordenadores…! Pegaba brincos de alegría y sus ojos parecían los de un niño delante de un árbol de Navidad.
Se movía por todos lados como loco leyendo libros, enchufando máquinas y mirando películas a la vez, como si tuviera los ocho brazos de la diosa Shiva. Enchufó la playstation y se hartó de jugar, demostró sus habilidades de hacker, de soldador profesional, de cocinero. A Billy y a los demás, les pareció que sí, de verdad había hecho y sabía hacer todo lo que iba contando, aunque Billy entendió que sus ratos de ocio imaginativo estaban destinados a acabarse.
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El fuego chasqueaba y escupía cuando los copos de nieve caían sobre las llamas para consumirse en un instante. Los árboles de alrededor aún recibían pinceladas de color anaranjado, pero la fogata del campamento se había reducido ya hasta quedar sólo las ascuas. Más allá de esta frágil barrera de luz, la niebla, el frío y la oscuridad esperaban con paciencia.
Deornoth acercó más las manos a los rescoldos y trató de hacer caso omiso de la vasta presencia viva del bosque de Aldheorte que los envolvía, con las enredadas ramas que escondían las estrellas, los troncos ocultos por la boira que se balanceaba en el gélido e incesante viento… Josua se hallaba sentado frente a él, la mirada apartada de las llamas, en dirección a la hostil negrura. El angular rostro del príncipe, teñido de rojo por el resplandor del fuego, estaba contraído en una silenciosa mueca. A Deornoth le dolía en el alma, pero en esos momentos era difícil mirarlo. Por eso apartó al vista, frotándose los helados dedos como si con ello pudiera eliminar todo el sufrimiento: el suyo, el de su amo y el del resto del lastimosos y derrengado grupo.
Alguien gimió cerca, pero Deornoth no hizo caso. Eran muchos de su partida los que sufrían, y un par de ellos —la pequeña sirvienta, que tenía una espantosa herida en el cuello, y Helmfest, uno de los hombres del condestable, mordido por las infernales criaturas— no llegarían, probablemente, a la mañana siguiente.
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Capítulo VI: Tobías Gregson da una prueba de lo que él es capaz.
Los periódicos del día siguiente venían llenos de noticias de lo que ellos calificaban de EL misterio de Brixton. Todos traían un largo relato del suceso, y algunos insertaban, además, artículos editoriales sobre el mismo. Encontré en ellos algunos datos que me resultaron nuevos. Tengo todavía en mi libro de recortes una abundante cantidad de fragmentos y de extractos relativos al caso. He aquí un resumen condensado de los mismos.
El Dayly Telegraph hacía notar que pocas veces se había dado en la historia del crimen una tragedia de características tan extrañas. El apellido alemán de la víctima, la ausencia de todo otro móvil y la siniestra inscripción en la pared, todo, en suma, lo señalaba como obra de refugiados políticos y de revolucionarios. Las organizaciones socialistas tenían en Norteamérica muchas ramas, y el difunto había, sin duda, infringido sus leyes no escritas, siendo por ello perseguido a muerte. Después de aludir a la ligera al Vehmgericht, al agua tofana, a los carbonarios, a la marquesa de Brinvilliers, a la teoría darviniana, a los principios de Maithus y a los asesinos de la carretera de Ratcliff, terminaba el artículo poníendó en guardia al Gobierno y solicitando una vígilancia más estrecha sobre los extranjeros residentes en Inglaterra.
(más…)
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Había en otro tiempo una doncella élfica,
una estrella que brillaba en el día,
de manto blanco recamado en oro
y zapatos de plata gris.
Tenia una estrella en la frente,
una luz en los cabellos,
como el sol en las ramas de oro
de Lórien la bella.
Los cabellos largos, los brazos blancos,
libre y hermosa era Lórien,
y en el viento corría levemente,
como la hoja del tilo.
Junto a los saltos de Nimrodel,
cerca del agua clara y fresca,
la voz caía como plata que cae
en el agua brillante.
Por dónde anda ahora, nadie sabe,
a la luz del sol o entre los sombras,
pues hace tiempo que Nimrodel
se extravió en las montañas.
Un barco elfo en el puerto gris,
bajo el viento de la montaña,
la esperó muchos días
junto al mar tumultuoso.
Un viento nocturno en el norte
se levantó gritando,
y llevó la nave desde las playas élficas
sobre olas que iban y venían.
Cuando asomó la pálida aurora
las montañas grises se hundían
más allá de las olas empenachadas
de espuma enceguecedora.
Amroth vio que la costa desaparecía
debajo y más allá de la ola,
y maldijo la nave pérfida que lo llevara
lejos de Nimrodel.
Había sido antaño un rey élfico
señor del valle y los árboles,
cuando los brotes primaverales se doraban
en Lothlórien la bella.
Lo vieron saltar desde la borda
como flecha de un arco
y caer en el agua profunda
como una gaviota.
El aire le movía los cabellos,
y la espuma le brillaba alrededor,
lo vieron de lejos hermoso y fuerte
deslizándose como un cisne.
Pero del Oeste no llegó una palabra,
y en la Costa Citerior
los elfos nunca tuvieron
noticias de Amroth.




